25 oct 2020

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EN CLAVE EUROPEA

Cumbres para ocultar fracasos

Eliseo Oliveras

Los líderes de la Unión Europea (UE) celebrarán una nueva cumbre urgente sobre la crisis de los refugiados el 12 de noviembre en La Valetta (Malta) tras concluir la cumbre UE-África, que también estará centrada en la inmigración. Será la sexta reunión de los líderes europeos en seis meses dedicada a la ola migratoria sin que se haya logrado encauzar de forma efectiva ese reto.

Grecia, empobrecida por cinco años de política de austeridad impuesta por la UE, es incapaz de gestionar los miles de inmigrantes diarios. Los refugiados llegados a Grecia este año superan los 616.000, según la Organización Internacional para las Migraciones. Italia, con más recursos, está menos desbordada, pero ha recibido este año más de 140.000 refugiados e inmigrantes.

La falta de solidaridad entre los 28 estados de la UE está colocando a los países más generosos y con más demandas de asilo en una situación muy difícil. La hospitalaria Suecia recibirá 190.000 demandas de asilo este año, lo que equivale al 1,9% de su población, y su primer ministro, Stefan Löfven, acaba de pedir a sus socios europeos que acepten una parte de esos refugiados, porque el país está desbordado y no dispone de suficiente capacidad de alojamiento. Alemania y Austria, donde los demandantes de asilo equivalen al 1% de su población, también están sufriendo fuertes tensiones y la cancillera alemana, Angela Merkel, se ve cuestionada por su socio bávaro.

Por el contrario, los países del Este, en especial Polonia, Hungría, Eslovaquia y República Checa, se resisten a aceptar refugiados en su territorio y el resto de la UE arrastra los pies. El rechazo a los refugiados fue un argumento esgrimido en Polonia por el ultraconservador y euroescéptico Partido Ley y Justicia (PiS) para lograr la mayoría absoluta en las elecciones del 25 de octubre. Ahora Polonia ni prevé asistir a la cumbre. La conservadora Coalición Patriótica croata, formada alrededor de la Unión Democrática Croata (HDZ), también utiliza el rechazo a los refugiados para intentar ganar las elecciones de este domingo.

La UE solo ha sido capaz de alcanzar con fórceps un compromiso para distribuir entre los países a 160.000 demandantes de asilo en dos años, cuando en el mes de octubre ya llegaron más de 237.000 refugiados. Y de esos 160.000  prometidos únicamente se han recolocado unos cientos. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) calcula que entre noviembre y febrero del 2016 llegarán otros 600.000 nuevos refugiados a la UE. Hasta la Comisión Europea estima que la ola migratoria podría alcanzar los tres millones en el 2017.

La política europea de contentar al presidente turco, Recep Tayyid Erdogan, para frenar la ola migratoria no está dando frutos y Ankara  sigue dejando operar con impunidad a las mafias de la inmigración. La UE ya no critica el autoritarismo de Erdogan e incluso ha retrasado la publicación de un informe crítico para no perjudicarle en las elecciones, pero Erdogan parece determinado a seguir manipulando la ola de refugiados hasta obtener la eliminación de los visados para la entrada de los ciudadanos turcos en la UE y otras ventajas políticas y económicas.

La cumbre europea con los países africanos en La Valetta tampoco presenta muy buenos augurios. La UE quiere lograr el compromiso para la rápida repatriación de los inmigrantes irregulares, mientras que los líderes africanos reclaman facilidades para la inmigración legal a Europa ante el vertiginoso crecimiento demográfico africano.

CENTROS DE CONCENTRACIÓN

El proyecto de conclusiones de la cumbre pasa de puntillas sobre las dictaduras, los conflictos armados y la actuación de los grupos terroristas, responsables de un porcentaje elevado de la inmigración. La propuesta europea de crear centros de acogida en medio de las rutas migratorias africanas, como en Agadez (Níger), para concentrar allí a los demandantes de asilo antes de que alcancen la UE, ya ha sido criticada por la Unión Africana.

Un problema adicional es que los gobiernos europeos siguen sin concretar sus aportaciones al fondo de 1.800 millones para ayudar a frenar la inmigración africana. Otro obstáculo es la corresponsabilidad de los propios líderes africanos y de las empresas europeas que operan en África, ya que su gestión y la corrupción generalizada están disparando la desigualdad y alimentando la inmigración, a pesar del crecimiento económico de los países.