25 sep 2020

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Interferencias

Contraluz de Carme Riera

BIEL MESQUIDA

Era una tarde de otoño. Carme Riera y este cronista íbamos en tren. Veíamos pasar, como dos buenos enamorados del paisaje, bosques de chopos que cambiaban de color y riachuelos convertidos en serpientes plateadas bajo la llovizna que caía con el crepúsculo. Íbamos a Girona para hacer un dueto, dos voces de escritores trenzadas. Carme había aceptado sustituir a otro escritor que había caído enfermo: un gesto de nobleza y, sobre todo, de amistad. La conversación era interesante. Le había preguntado qué escribía. Me explicaba cómo tejía una novela en la que una hija busca a su padre con la atmósfera de la guerra civil de fondo. Me puse a reír. Por una rara casualidad y una extraña coincidencia yo también escribía la historia de un hijo que busca a su padre. Y también con el ciclorama de la guerra incivil. No se lo podía creer. Eso era un azar objetivo de esos que nunca suceden. Creo que recordamos nuestros primeros encuentros de los años sesenta en una Palma levítica y antigua cuando ella aún estudiaba en el instituto y yo acababa de empezar Biológicas en Barcelona. Y, sobre todo, las lecturas de nuestras primeras escrituras en la inmensa buhardilla de su casa, en la calle Pueyo de Palma. La oigo como si fuese ahora cuando Carme me leía unos poemas de gran radicalidad verbal, rítmica, que no publicó nunca.

El tren avanzaba y Carme me explicaba los puntos esenciales de La meitat de l'ànima que me hacían pensar en misteriosas intersecciones literarias, aunque su texto y el mío fuesen personales e intransferibles. También rememoramos ese Sant Jordi de 1975 cuando, aún tan jóvenes, nos pasamos todo el día firmando juntos porque ella acababa de publicar Te deix, amor, la mar com a penyora y yo, L'adolescent de sal. Los de Girona se encontraron con dos escritores que dueteaban con armonía, serenidad y mucho humor y amor por la letra.

Carme Riera ha desarrollado la mayor parte de su obra literaria en Barcelona, donde es profesora de español de la Universitat Autònoma. Ha escrito en su catalán propio todo tipo de historias: desde los cuentos tiernos, amorosos y un tanto perversos de juventud a la denuncia de la persecución y el genocidio de los judíos mallorquines hay toda una serie de libros llenos de personajes novelescos y una escritura constelada de anzuelos que atrapan al lector y le llevan a donde quiere. También le tenemos que agradecer su investigación sobre la Escuela de Barcelona y los trabajos sobre obras como El Quijote y personajes como el archiduque Lluís Salvador d'Àustria. ¡Y por defender los derechos de los escritores desde Cedro!

¡Aleluya que Madrid reconozca toda la carrera de una escritora catalana, que ha demostrado a las claras que también ama la lengua española! Un ejemplo central de recreación: ha traducido ella misma toda su obra al castellano. ¡Per molts d'anys i bons, Carme!