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La novela de Romeva y el 'procés'

Xavier Rius

A inicios de septiembre, coincidiendo con la campaña electoral de las elecciones plebiscitarias en las que Raül Romeva fue cabeza de lista de Junts pel SíRomeva publicó su tercera novela 'Pont de cendra' que sucede en 1992, los primeros meses de la guerra de Bosnia. Una guerra derivada de un conflicto de secesión, que pese a estar amparado en dicho caso por el derecho internacional, dado que Bosnia era una república federada, esa independencia no era aceptada por el estado del que se desmembraba.

Romeva entró en contacto con los conflictos balcánicos cuando era objetor de conciencia y militaba en movimientos pacifistas, es doctor en Relaciones Internacionales, ha publicado diversos libros sobre conflictos, procesos de negociación y acuerdos, y trabajó para la UNESCO en Sarajevo los dos primeros años de posguerra. E inició la escritura de esta novela cuando no imaginaba que acabaría encabezando la candidatura de CDC ERC que propondría la ruptura con España, la realización de una Declaración Unilateral de Independencia y la desobediencia a su marco legal. La novela, que está construida con capítulos alternos de dos narradores, uno ubicado en el año 1992 y otro ubicado en el presente, cuenta la historia de los llamados "amantes de Sarajevo", un serbio y una bosnia que murieron abatidos por un francotirador, no se sabe de que bando, tratando de huir.

Cuando uno escribe y analiza un conflicto internacional, o sobre un conflicto por una secesión de una parte de un estado, debe tener en cuenta el contexto, sus raíces históricas, las fuerzas de unos y otros, sus aliados, el marco legal que, sea justo o no, ampara o niega las razones de unos y otros, y, sobretodo, las fuerzas con las que cuentan ambos bandos para forzar al otro a ceder o, al menos, a negociar y pactar una solución intermedia si es que esa solución es posible. Y al analizarlo, uno debe desprenderse de su ideología y de su opinión personal sobre lo que sería justo o lo que a uno le gustaría.

Es decir, una cosa es desear o firmar un manifiesto para que Palestina –a la que el derecho internacional ampara- debe ser un estado en base a las fronteras de 1967 sin asentamientos judíos y, otra muy distinta es falsear un análisis del conflicto, afirmando que Palestina será  estado viable pasado mañana. Una cosa es simpatizar con la causa saharaui, a la que el derecho internacional le reconoce la necesidad de realizar un referéndum de autodeterminación, y otra es aventurar que, pese a las condiciones y contexto actual, y los múltiples apoyos que tiene Marruecos, la República Árabe Saharaui será una realidad próxima y Marruecos abandonará de buena gana el territorio.

Y si se pretende hacer un análisis de un conflicto en el que quien posee desde nuestro punto de vista la razón carece de la fuerza para imponerla, entonces hay que hacerse esta pregunta: ¿A qué se está dispuesto para forzar al otro a negociar y que acepte la secesión? ¿Con qué métodos se le presionará, pacíficos o violentos? Y ello conlleva otras dos preguntas: ¿Cuánto tiempo se podrá resistir esta lucha? y ¿qué consecuencias humanas y económicas para la población del bando más débil tendrá la prolongación de esta lucha, trátese de un conflicto bélico, trátese de sólo de desobediencia civil y resistencia no-violenta?

Cuando al inició del 'procés' Artur Mas viajó a la India y Estados Unidos, al regresar afirmó que Catalunya realizaría el proceso soberanista de manera pacífica como Gandhi y Luther King. Propuesta que considero frívola si no se explica que significa eso y no se recuerda cómo acabaron Gandhi y Luther King, la repersión que sufrieron ambos movimientos, o la firmeza, consenso y liderazgo que se necesita para que esta desobediencia civil de frutos. Basta recordar, por ejemplo, que la segregación de autobuses en Alabama se derogó tras más de un año en que los ciudadanos de color se negaron a usarlo e iban a trabajar cada día andando. Para mi los únicos que abordaron en serio las palabras de Mas fue el programa Polònia, en las que un Mas vestido a lo Gandhi decía que, si se había de hacer una huelga de hambre indefinida, que empezara Oriol Junqueras, dado que estaba más gordito y aguantaría más días.

Al inicio del 'procés' se afirmo repetidamente que se buscaría el apoyo de la ONU, Europa, Estados Unidos e Israel. Y los tres primeros no han dado ahora por ahora apoyo alguno a la causa independentista, sino más bien lo contrario. El cuarto actor al que se pediría apoyo, Israel, no se ha manifestado a favor ni en contra, pero diversos responsables gubernamentales israelíes han respondido en privado a políticos catalanes que han acudido a ellos con estas preguntas: ¿Va en serio? ¿Dado que Madrid no piensa ceder, qué métodos vais a usar para forzar a España a negociar y durante cuanto tiempo? ¿Qué estáis dispuestos a safricar? ¿Estáis dispuestos a morir y también a...?

Y sencillamente, no he visto que este debate se haya hecho en voz alta en Catalunya estos últimos tres años, ni al cabeza de lista de Junts pel Sí, Raül Romeva, experto en conflictos internacionales motivados por secesiones sin consenso, abordar estas preguntas.

Resulta exasperante escuchar estos tres años la falsedad que la sentencia la Corte Internacional de Justicia de junio del 2010 sobre Kosovo, ampara la declaración unilateral de independencia de Catalunya. Declaración que por cierto no se aprobó con la mitad más tres de los diputados, sino con el de 109 de los 120 parlamentarios kosovares. Paradójicamente Kosovo, pese a ser la mayoría de su población no eslava, no era una república yugoslava, como Bosnia, Montenegro o Croacia que sí lo eran y tenían derecho a la secesión, sino sólo una provincia.  La sentencia sobre Kosovo de la Corte Internacional repite una y otra vez que no es aplicable a ningún otro conflicto de secesión.

Pero es que además la misma fue digamos un formalismo tramposo para ayudar al gobierno de Serbia, que daba por perdido Kosovo, a digerir su perdida sin que la opinión pública se le echara encima y permitir a la ONU y la OTAN abandonar el territorio que llevaba 9 años administrando. Dado que lo que se recurrió al tribunal no fue la independencia en sí, sino, únicamente, si dicha declaración vulneraba el derecho internacional. Y la Corte dijo años mas tarde que, sin valorar la consecuencias posteriores de la declaración, el hecho que 109 de los 120 diputados votaran dicha declaración de voluntad, no vulneraba ningún tratado. Y por entonces Kosovo ya andaba sólo, y Serbia ya había dejado de pelear por su provincia perdida.

Repito que analizar un conflicto en base al marco legal, las fuerzas de unos y otros, los apoyos que tienen y los médodos que unos y otros van a usar, no tiene nada que ver con la ideología de cada uno o lo que uno cree que sería justo. Se trata de intentar ser mínimamente riguroso.

Y por último, ahora que se habla tanto del paralelismo entre Mas y Companys, o del 6 de octubre de 1934, a mi, viendo como van las negociaciones entre Junts pel Sí y la CUP, me viene otro paralelismo histórico. Barcelona cayó en 1939 al perderse la guerra; pero durante la guerra civil, mientras Franco avanzaba, en el bando republicano muchos bienintencionados debatían sobre si había que ayudar a la República a ganar la guerra o aprovechar la debilidad del Gobierno republicano y la Generalitat para hacer la revolución. Y al final se perdió la guerra y no se hizo la revolución. Y volviendo a la novela de Romeva, puede que de aquí unos años no sepamos o no nos pongamos de acuerdo sobre a qué bando pertenecían los francotiradores que liquidaron el 'procés'.