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El pasado martes Junts pel Sí y la CUP presentaron a la Mesa del Parlament una propuesta de resolución que declara 'solemnemente' abierto el proceso de creación de un nuevo estado y de un proceso constituyente que insta al nuevo gobierno catalán a obedecer exclusivamente el mandato de este parlamento. Hay que entender esta resolución como un sucedáneo de la Declaració Unilateral d'Independència, la famosa DUI, anunciada por las dos formaciones que presentaron la resolución. Desde otros grupos políticos se ha calificado esta acción como una especie de 'golpe de Estado' por saltarse la ley vigente y no respetar la voluntad de la mitad de la cámara legislativa y de los votos emitidos en las elecciones del 27 de septiembre.

Entretenidos con este debate hemos dedicado poca atención a una declaración en cierto punto comparable protagonizada por el presidente de PortugalAníbal Cavaco Silva. En las elecciones generales celebradas en este país una semana después de las catalanas, la coalición de dos partidos conservadores -PSD y CDS- sumó 107 diputados. Los tres grupos de izquierda -PSP, Bloque de Izquierda y Partido Comunista- obtuvieron 127. La mayoría absoluta en la cámara parlamentaria portuguesa está fijada en 117 diputados. En cuanto a votos, las tres opciones de izquierdas sumaron 2,8 millones, 700.000 más que la coalición conservadora.

La noche de las elecciones muchos dieron por hecho que Pedro Passos Coelho, primer ministro saliente y candidato conjunto del PSC y CDS, continuaría en el cargo debido a la división de las fuerzas de izquierda. Pero finalmente, PSP, comunistas y Bloque de Izquierda lograron ponerse de acuerdo para votar al candidato socialista, Antonio Costa, como nuevo primer ministro.

El presidente portugués decidió no hacer caso de la voluntad del Parlamento. Anunció por televisión que la izquierda no podía gobernar Portugal porque algunos de sus representantes están en contra de la continuidad del país en el euro o la OTAN. Hay que preguntarse si Cavaco Silva tomó esta decisión espontáneamente o si alguien se la sugirió o exigió desde Bruselas, Frankfurt o Berlín. Y Cavaco encargó a Passos Coelho la formación de gobierno.

Portugal está muy cerca. A lo largo de la historia reciente hemos visto golpes de Estado similares en países africanos o latinoamericanos. Nunca los habíamos vivido tan próximos. Y jamás habríamos pensado que un atentado contra la democracia y la soberanía de los votantes portugueses como este se quedaría sin una réplica inmediata de la Unión Europea.

La Unión Europea ha callado. ¿Habría hecho lo mismo si un presidente portugués de izquierdas se hubiera negado a encargar a un candidato conservador la formación de gobierno porque su ideología privatizadora y de austeridad en el gasto social contraviene los principios europeos de solidaridad, justicia y defensa de los Derechos Humanos? Por supuesto que no.

Hay DUIs que molestan a los poderosos y las hay que no tanto. La Declaración Unilateral de Indignidad del presidente portugués es una de las páginas más tristes y decepcionantes de la historia europea del siglo XXI.

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