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Ideas

El juguete es de quien lo regala

Juan Villoro

Ai Weiwei convirtió la negativa de Lego a venderle piezas en un recurso creativo

En 2014 una película logró que, por rigurosa comparación, Bob Esponja pareciera tranquilo. Me refiero a La gran aventura Lego, frenesí cinematográfico que cuestiona y promueve el uso de juguetes. Por esta ambivalencia, un infomercial pudo verse como una epopeya sobre un padre que desea construir una ordenada ciudad y un hijo que ensambla bloques sin regla alguna. ¿Se debe jugar con instrucciones o según el deseo de cada uno? La pregunta adquiere dramatismo por la existencia del pegamento, aliado del adulto que construye con imperturbable urbanismo. El héroe es el niño antisistema, lo cual lleva a un paradójico mensaje: «Compren legos, no permitan que se ensamblen de manera definitiva, luchen para armarlos de distintos modos; es decir: compren más legos». La proliferación de piezas garantiza la creatividad: el consumo libera.

Hace unos días Ai Weiwei le tomó la palabra a este trepidante evangelio. El artista chino ha trabajado con piezas de Lego y pidió un embarque masivo para una exposición en Melbourne. Pero la firma danesa se negó a satisfacer el pedido porque no apoya «causas políticas». Extraña respuesta, ya que el artista no proponía una donación, sino una compra. Antes de que la prensa dijera «algo huele a podrido en Dinamarca», se supo que abrirá una Legolandia en Shanghái. La negativa entra en el vasto inventario de caprichos y locuras de la sociedad de mercado para satisfacer a los chinos.

Lo interesante es que Weiwei convirtió el impedimento en recurso creativo y pidió por internet que le regalaran legos. Desde hace unos días, la comunidad digital homenajea a otra película: Toy Story III, mucho más significativa que La gran aventura Lego.

¿Hay rito de paso más arduo que regalar juguetes porque ya no tienes edad para disfrutarlos? Tras esa dolorosa maduración, quedan pocas formas de prolongar el juego. Pero los castillos que el tiempo convirtió en piezas de plástico en una caja, siempre pueden tener una segunda vida en un orfanato o en el estudio de un artista, demorado refugio de la infancia.