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Ideas

De cada día

Jaume Subirana

Carner es nuestro Oscar Wilde, nuestro Neruda, nuestro Baudelaire

En 1953, en una lectura de sus Elegies de BiervilleCarles Riba se preguntaba. «¿Quién hará el estudio documentado, fundamental, de lo que ha cambiado en la lírica catalana a partir de La paraula en el vent?». Mientras usted, querido lector, lee estas líneas, en el edificio Carner de la Universitat de Barcelona, en la calle de Aribau, están reunidos unos cuantos especialistas en la vida y la obra de a quien llamaron el Príncep dels poetes catalans intentando responder, al cabo de medio siglo, la petición ribiana: del 27 al 29 de este mes, en la Facultat de Filologia, se desarrollan unas jornadas para conmemorar el centenario de la edición, en 1914, de La paraula en el vent, continuación de las dedicadas en mayo a los cien años de Auques i ventalls.

Josep Carner fue un dandi, un gran escritor y al fin y al cabo también un símbolo, las tres cosas a la vez: es,pues, nuestro Oscar Wilde, nuestro Baudelaire, nuestro Scott Fitzgerald, nuestro Neruda, y como tal todo lo que tiene a ver con sus libros y con su memoria es o debería ser entendido como patrimonio y tesoro del país y la cultura que queremos para nosotros y para nuestros hijos y nietos.

Por eso seguimos leyendo ciertos textos al cabo de un siglo, y no dejamos de hablar de ellos. Por eso, y porque no se acaban, porque nos acompañan, porque seguimos aprendiendo de ellos y sonriendo. Estos días, además, para complementar el punto de vista de expertos como Narcís Comadira, Dolors Oller, Salvador Oliva, Adolfo Sotelo o Marcel Ortín, Publicacions i Edicions de la UB ha preparat una edició limitada de La paraula en el vent en tres volúmenes, con facsímil y variantes, a cargo del profesor Jaume Coll. Porque pasan los años pero los versos de Carner, en este caso su vieja «història planyívola d'amor», refulgen, bruñidos por las lecturas y por los buenos lectores. Y entre unos y otros, nosotros somos las criaturas agradecidas con migas en la mano que repiten desde hace más de un siglo, al final del poema que lleva por título el nombre del país que lo acogió durante décadas de exilio: «És el senyor de cada dia». 

Temas: Libros

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