28 nov 2020

Ir a contenido

Una tragedia humanitaria

Reasentamiento de refugiados

Miguel Pajares

Hay que abrir vías seguras que les permitan llegar a Europa sin jugarse la vida y sin ponerse en manos de las mafias

El Mediterráneo sigue cobrándose vidas de refugiados que huyen de las guerras e intentan llegar a un país europeo que les otorgue asilo. En lo que va de año, llevamos más de 3.000 muertos, con una alta proporción de niños en esa cifra. Y, como las guerras de las que huyen siguen recrudeciéndose, el macabro incremento de ahogados parece imparable. Pero no lo es. Las muertes de refugiados en el Egeo y el resto del Mediterráneo podrían detenerse mañana mismo. Buena parte de la población europea así lo ha intuido, y se ha desatado un fuerte movimiento de solidaridad, refugees-welcome, que exige a los gobiernos y a las instituciones de la Unión Europea una respuesta que detenga tanta muerte y tanto sufrimiento por el que se hace pasar a los refugiados.

Los gobiernos se han visto forzados a responder, y todos hemos sido testigos de esa aciaga negociación en la que primero se repartieron 40.000 refugiados y después 120.000 más. Pero, ¿este reparto de refugiados responde realmente al clamor de «no más muertes en el Mediterráneo»? En realidad, no. En realidad, no tiene nada que ver con ello, porque los refugiados que se reparten están ya dentro de la Unión Europea, en Grecia, en Italia y en otros países.

La reubicación de refugiados entre países de la UE que los gobiernos han decidido es necesaria, porque las personas que han huido de las guerras requieren una atención que aquellos países en los que se han acumulado, como Grecia, no podrían darles por sí solos. Por eso, las tres organizaciones que desde hace décadas venimos realizando la acogida de refugiados en España, Cruz Roja, ACCEM y CEAR (CCAR en Catalunya), apoyamos la reubicación y vamos a gestionar también la acogida de las aproximadamente 15.000 personas que el Gobierno español se ha comprometido a traer.

Sin embargo, este reparto de refugiados que ya están dentro de la UE no aporta ninguna solución para los que aún están fuera, realizando trayectos peligrosos o a punto de iniciarlos. Para estos, lo que se requiere es abrir vías seguras que les permitan llegar a Europa sin jugarse la vida y sin ponerse en manos de las mafias. Pero ahí es donde se produce un monumental fraude a la solidaridad ciudadana por parte de los gobiernos y la Comisión Europea, ya que los planes que están poniendo en marcha, en relación con los refugiados que están en tránsito por Turquía y otros países, solo tienen por objeto reforzar nuestras fronteras y hacer más difícil su entrada en Europa. La medida más notoria que han acordado es la ayuda de 3.000 millones de euros al Gobierno turco para que los retenga en su país. Pero de esto lo único que va a resultar es un incremento de las dificultades y los peligros del tránsito, y un mayor negocio para las mafias, porque los refugiados que tratan de alcanzar un país europeo no van a dejar de intentarlo. Más muertes en el Egeo, en definitiva.

La apertura de vías seguras de entrada puede hacerse adoptando distintas medidas, como eximir de la exigencia de visado a quienes proceden de un país en guerra o conceder visados humanitarios, pero aquí quiero hablar de la que el ACNUR está proponiendo a los gobiernos europeos y ya se ha experimentado con anterioridad: el reasentamiento. Se entiende por reasentamiento el traslado de refugiados a Europa desde los campamentos del ACNUR ubicados en los países vecinos a aquellos que están en guerra. La medida más concreta sería reasentar refugiados desde Turquía (donde ahora hay dos millones de refugiados sirios, además de afganos y otros) y Líbano (donde hay más de un millón de sirios). España ya ha aceptado un reasentamiento de unas 1.400 personas, pero lo que propongo aquí (como lo hace el ACNUR) es abrir un flujo de reasentamiento desde Turquía que resulte significativo. Un flujo que sirva para disuadir a los refugiados de lanzarse al mar en busca de las costas griegas. Hablamos no de miles, sino de decenas de miles o cientos de miles de personas.

Los municipios que se han declarado ciudad-refugio pueden jugar un importante papel para hacer viable esta propuesta, ofreciendo un amplio número de plazas de acogida. En el Estado español, la red de ciudades-refugio podría sumar las plazas que entre todas ofrecen y hacer un plan concreto, junto con el ACNUR y las entidades sociales que actualmente gestionan la acogida (Cruz Roja, CEAR y ACCEM), para serle presentado al Gobierno español. Y lo mismo debería promoverse en todos los Estados de la UE, aprovechando que la red de ciudades-refugio es de ámbito europeo. Barcelona, que ha encabezado el movimiento de ciudades-refugio, podría liderar esta propuesta de reasentamiento.