Los SÁBADOS, CIENCIA

¿De dónde vienen las ideas?

Comprender el mundo significa mirar por encima del hombro, de la frontera y del horizonte

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El método de la ciencia sirve para tratar ideas, no tanto para capturar ideas nuevas. ¿De dónde viene entonces una idea nueva? Yo diría que existen tres grandes maneras: por una intuición del mundo, por una comprensión del mundo o por una concepción ética, incluso a veces estética, del mundo.

Tener una intuición significa partir de una idea previa. Intuir es precisamente eso: un leve roce entre lo observado y lo que queda por observar, entre lo comprendido y lo que queda por comprender. La analogía es un potente (re)generador de ideas. Cuando una idea cruza una frontera tiene una alta probabilidad de generar otra por pura fecundación. Leo en el libro impagable de JuliCapella Así nacen las cosas (Electa, 2010) el caso conmovedor del inventor del bolígrafo. Fue el húngaro László Biró que llegó a Argentina a principio de los años 40 huyendo del nazismo. Allí patentó una de las ideas más difundidas del siglo. ¿Cómo llegó a ella?

El mismo Biró cuenta que cogía muchas rabietas con las plumas que se secaban, se atascaban o manchaban la camisa en los momentos más inoportunos. Pero un día que estaba entretenido mirando a unos niños que jugaban a las canicas, se fijó en una canica que cruzaba un charco dejando, al salir de él, un rastro nítido de humedad sobre la superficie seca. Y la analogía no se detiene ahí. El mismo Biró propuso después un dosificador de perfumes y desodorantes con el mismo principio de la bola que recoge un líquido por dentro y lo deposita por fuera, suavemente, continuamente. Biró era un gran intruso intelectual. Todo, incluso un juego infantil, merecía su atención.

LA TORTILLA DE FERRAN ADRIÀ

Otra manera de crear ideas nuevas consiste en combinar todo lo combinable. La gastronomía es un gran ejemplo. Los productos son casi siempre los mismos pero la invención de platos nuevos crece exponencialmente. El secreto está en el concepto interacción según el cual el Todo puede ser más que la suma de las Partes. En la diferencia está justamente la novedad. Ferran Adrià lo ha demostrado por ejemplo con su deconstrucción de la tortilla española. En efecto, hay algo en ella que no está en el huevo, ni en la patata, ni en la cebolla ni en el aceite de oliva... Un buen chef es también un intruso vocacional.

Y aún queda una manera notoria de acceder a lo nuevo con lo que ya no lo es. Una pequeña anécdota se puede convertir en una gran teoría simplemente cayendo en la cuenta de que es mucho más universal de lo que parece a simple vista. Es el caso de Benoît Mandelbrot y de su celebrada geometría fractal de la naturaleza. Todo empezó con una discrepancia entre la longitud de la frontera común de dos países, según si el dato se daba a uno u otro lado de tal frontera cuando, obviamente la frontera a medir era la misma. La solución al misterio estaba en la unidad que se elegía para medir la longitud de una línea tan irregular. No es lo mismo recorrerla con paso de ratón que con paso de jirafa. Sobre aquella solución tan banal Mandelbrot, otro perfecto disperso, levantó una teoría gloriosa sobre la manera más simple de crear complejidad.

Pero las ideas nuevas no brotan solo de ideas antiguas. Además de la intuición del mundo está la comprensión del mundo. Darwin viajó cinco años con el Beagle mirando, observando y anotando hasta que, elevándose sobre toda esa información, buscó lo que había en común entre tanta diversidad de individuos y especies vivasWallace hizo algo muy parecido. Y de buscar la mínima expresión de lo máximo compartido, es decir, de este ejercicio de comprensión, surgió una de las ideas científicas que más ha influido dentro y fuera de la ciencia: la selección natural.

Otra idea grandiosa y bellísima que surge de la comprensión del mundo es la de la simbiogénesis, una vieja idea que finalmente consiguió demostrar la gran Lynn Margulis: durante miles de años solo hubo bacterias, pero todo lo demás, incluido el ser humano, es el resultado de una simbiosis de bacterias especializadas en funciones distintas. Comprender el mundo constituye la mejor estrategia para anticipar la incertidumbre, pero cada día más, comprender el mundo significa mirar por encima del hombro, de la frontera y del horizonte.

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Y finalmente, se puede acceder a una idea por una concepción estética o ética del mundo. Este año se cumple un siglo de la publicación de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein. Se basa en la idea llamada principio de equivalencia, quizá la idea más sublime de toda la historia de la ciencia. Einstein se adelantó cien años a su tiempo, ¡cien!. Ningún experimento ni contradicción obligaba a buscar una teoría nueva. La idea procede directamente de una concepción estética del mundo: la naturaleza está gobernada por una serie de leyes que no pueden depender de quien se encuentre mirándolas. La relatividad es la menos relativa de todas las teorías. A esa conclusión solo llega un gran intruso.