30 nov 2020

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Análisis

Bloquear la publicidad: la paradoja digital

Albert García Pujadas

En el paraíso de internet, cuando algo sale gratis significa que el producto eres tú

A nadie le sorprende que las aplicaciones que bloquean la publicidad en las páginas web estén entre las más descargadas. Eso es fruto del abuso publicitario sistemático de páginas y servicios on line. En el entorno del ordenador ya es molesto, pero en el formato móvil se convierte en una auténtica tortura. A priori, los bloqueadores de publicidad mejoran la experiencia de uso, pero no acaban con el acoso publicitario y los efectos secundarios son impredecibles. Está por ver quién gana y quién pierde, ahora y en el futuro.

Problemas inmediatos para soportes o medios: los ad-blockers no discriminan y bloquean todos los anuncios, sean intrusivos o no. Esto supone empezar a laminar la principal fuente de ingresos de los soportes digitales. Efectivamente, los soportes de contenidos digitales que usted disfruta a diario pueden tener los días contados… salvo que se produzca un cambio radical en nuestros hábitos de compra y empecemos a pagar por ese contenido, sea por pieza o por suscripción.

Entonces, la pregunta es obligada: ¿quién sale ganando con los ad-blockers? Un par de pistas. Los ad-blockers no viven del aire. Su modelo de negocio se alimenta vendiendo su capacidad de bloqueo a usuarios, pero también su capacidad de no bloqueo al mejor postor. Es decir, si eres un anunciante, pasas por caja, entras en su lista blanca de soportes y formatos, y su tecnología hace que esos anuncios sean inmunes al bloqueo publicitario.

Hay más. Está el entorno Apple. Su bloqueador solo funciona en Safari, no en otras aplicaciones. Al mismo tiempo que salen ad-blockers para iOS, Apple promociona Buzzfeed en su App Store con anuncios que no se pueden bloquear. Nada es casual.

¿Y qué hay de los grandes gigantes digitales, como Facebook, Twitter o el omnipresente Google? Con el crecimiento de internet vía dispositivos móviles, el acceso a sus servicios se realiza a través de aplicaciones propietarias. Evidentemente, los ad-blockers no funcionan en estas aplicaciones, por lo que su modelo de explotación publicitario no solo está fuera de peligro sino que está en pleno auge.

En el paraíso de internet, cuando algo sale gratis significa que el producto eres tú. Porque consumes publicidad y/o porque tus datos son explotados. Por tanto, lo gratis sale caro en términos de privacidad y de monitorización excesiva.

La paradoja de los ad-blockers es que tenían que ser beneficiosos para el usuario pero en realidad lo acabarán perjudicando: menos pluralidad de contenidos y servicios al eliminar la fuente de ingresos publicitaria de muchos medios y soportes. Y, por supuesto, más poder para los grandes monopolios digitales, que concentran a la mayoría de los usuarios. Como dice Jaron Lanier, uno de los pensadores más influyentes sobre el mundo digital: «Se olvida con mucha facilidad que gratis significa inevitablemente que otra persona decidirá cómo vivimos».

Quizá por eso prefiero evitar la publicidad pagando directamente por los servicios y contenidos que consumo.