La rueda

Una esperanza razonable

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¿Es la independencia lo más conveniente para Catalunya? ¿O lo que más nos interesa es seguir formando parte de España? Desgraciadamente, aunque me decanto por la primera opción, no me atrevería a poner la mano en el fuego por ella. No es por prudencia, no; es porque, simplemente, no lo sé ni lo puedo saber. No lo sé porque mi posicionamiento en esta materia no proviene de un acto de fe sino de la lógica política y, por más que quiera, no puedo compartir la seguridad y la confianza que exhiben los más convencidos de un bando y de otro. Esto no quiere decir que, por más dudas que me plantee, no tenga muy claro qué es lo que quiero.

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Al margen del hecho de si la independencia es lo mejor para Catalunya o no, de lo que sí estoy totalmente convencido es que pedirla es lo que más conviene. Y además, tal y como están las cosas no podemos aspirar a menos ... Aunque digan que lo que pedimos es una utopía inconstitucional. ¿No es así como siempre se ha avanzado? ¿Qué sería del Estado del bienestar sin que miles de personas hubieran luchado por una sociedad más justa e igualitaria en nombre del socialismo (otra utopía seguramente inconstitucional en la España del PP)?

Contra lo que pueda parecer y a pesar de este punto de partida, tal vez demasiado pragmático y muy poco patriótico, estoy razonablemente esperanzado. Creo que la clave de futuro para que este proceso termine de manera exitosa pasa inevitablemente por hacer aún más amplia y diversa la mayoría que apuesta por la independencia. Un objetivo posible, pero que no se conseguirá nunca por la vía de la intolerancia y del dogmatismo. La mejor respuesta ante las opiniones contrarias no puede ser la mala educación como no será nunca la fe ciega una respuesta efectiva ante la duda. La mejor manera de sumar más gente y más voluntades al proceso pasa por la capacidad que tengamos de contagiar desapasionadamente esta razonable esperanza.