02 abr 2020

Ir a contenido

Análisis

Daños colaterales

José Antonio Bueno

Aunque parezca imposible, el escándalo de los motores de Volkswagen puede afectar positivamente a Seat

La crisis derivada del falseamiento de los datos de emisiones de unos motores concretos (EA 189) en un país concreto (Estados Unidos) podría llevarse por delante al segundo fabricante mundial de automóviles según como gestione la crisis. La desaparición de Arthur Andersen por el caso Enron es un buen ejemplo de cómo se le puede complicar la situación a una compañía con un problema reputacional en EEUU aunque no sea culpable del asesinato de Kennedy (Arthur Andersen fue declarada inocente en el 2005 por el Tribunal Supremo estadounidense, pero tras la sentencia en primera instancia en el 2002 los profesionales de la firma fueron marchando a otras organizaciones y de poco sirvió saber al cabo del tiempo que eran inocentes de obstruir a la justicia).

Los primeros pasos que está dando Volkswagen son de una autoinculpación tal que o es una estrategia de defensa muy bien pensada o puede darles un disgusto muy serio. Las consecuencias reales de lo que pueda pasar no son, ni mucho menos, predecibles, e irían desde un pacto que acabaría con una multa asumible a un terremoto que se la lleve por delante. Es de pensar que tendrán un buen ejército de abogados pensando en la mejor estrategia, y ojalá todo quede en un buen susto.

Si lo que le pueda ocurrir al grupo, y especialmente a la marca Volkswagen, es muy difícil de prever, lo que le pase a Seat entra ya en la especulación más absoluta. Es evidente que en un entorno complejo todos sufren, pero hay muchos escenarios, demasiados, como para ponerse nerviosos en exceso. Y sobre todo, muy poco accionables desde aquí.

EL PEOR ESCENARIO

El escenario pesimista es que el grupo sufra mucho económicamente, tanto por las multas como por las modificaciones en el parque afectado, y que este sufrimiento se traduzca en recortes en el empleo y en las inversiones, algo más o menos adelantado por su nuevo presidente. En ese escenario, el programa de inversiones de Seat podría verse afectado, al menos en modelos que no son el centro de la gama (es decir, todo lo que no afecte al Ibiza y al León). Las declaraciones que se han realizado hasta la fecha son tranquilizantes, pero no cabe duda de que todo dependerá del impacto económico real.

Pero también cabe un escenario positivo para Seat derivado de una debacle mayor en la marca Volkswagen. En un escenario de catástrofe, el grupo, quién sabe si renombrado, podría dar más peso, y por tanto más volumen e inversiones, a las marcas periféricas. Las previsiones en el medio plazo de los mercados naturales de Seat no son nada malas, y podría tener un papel reforzado para compensar las caídas de Volkswagen.

Quien lo tiene muy complicado es Volkswagen América. El brote de sinceridad de su presidente en aquel país con el ya viral «la hemos cagado» es un claro indicador de que la primera estrategia es, lógicamente, acotar los daños en aquella geografía, y todo puede pasar allí.

Si el origen del daño lo han causado unos ingenieros que por presión o incapacidad buscaron el atajo de la trampa, las consecuencias finales dependerán del trabajo de los expertos en comunicación y, sobre todo, de los abogados que ayuden a limitar el impacto en las cuentas del grupo. Lo que puede hacer Seat ahora es lo que está haciendo, mantener el tipo y esperar a ver en qué dirección se mueven los acontecimientos, que pueden influirle negativamente pero también, aunque parezca imposible, positivamente. Esperemos.