14 jul 2020

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Subrayados salvajes

Juan Villoro

"Somos los libros que nos han hecho mejores», escribió Borges. Esta frase estimulante admite revisión. Casi siempre es mejor leer que no hacerlo; sin embargo, la experiencia del mundo revela que un humilde pastor de ovejas puede ser sabio lejos de las bibliotecas y que un erudito puede ser ególatra.

Nuestro trato con las obras maestras se pone a prueba con los subrayados. Tomas un volumen leído hace 30 años y al ver lo que marcaste piensas: «¡Qué mal escribía Goethe! ¡Qué ingenuo era Esquilo!» Lo que en un tiempo nos llama la atención se puede convertir en el lugar común de un genio.

Las librerías de viejo son un peculiar museo de la lectura. A veces, los ejemplares que acumulan el polvo de los años dan la impresión de no haber sido leídos. Esto nos incita a comprarlos. Avanzada la lectura, descubrimos un subrayado. Si la frase es sugerente, anima a seguir; si se trata de algo absurdo, el libro pierde fuerza; esa esquiva señal del propietario anterior lo disminuye un poco.

Un volumen cerrado es materia inerte. Solo revive con la lectura. Los subrayados demuestran que, dependiendo del usuario, el texto cobra robusta entidad o recibe exigua respiración artificial.

Pensé esto en la biblioteca de la Universidad de Maryland, donde di con un ejemplar de Cervantes's Theory of the Novel, de Edward Riley. La lectura me deparó un encuentro simultáneo con la sofisticación y la barbarie. Alguien había subrayado la obra con furioso capricho. Encontré asteriscos, signos de admiración, marcas dobles y triples, líneas que no estaban bajo las palabras sino encima de ellas. Lo más sorprendente es que ese lector vandálico escogía sin falla los mejores pasajes. Su lectura me fue de gran ayuda, alertándome sobre aspectos decisivos de un ensayo cuyo tema rector es la verosimilitud. Al mismo tiempo, me recordó los límites de la inteligencia. Entender no siempre salva. Aquel lector tenía el temple -mezcla de delirio y lucidez- de Alonso Quijano.

Acaso un pastor de ovejas que no ha leído el Quijote, tenga el temple de Cervantes.

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