La rueda

La amenaza de los estúpidos

La proporción de bobos es una constante de la que no escapa ninguna sociedad

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¿Cuántos estúpidos hay en Catalunya? ¿Y en España? ¿Se lo  han preguntado nunca? La pregunta, por más estúpida que parezca, es pertinente y necesaria. Lo digo porque, tras la campaña intensa que hemos vivido, ahora que hay que interpretar lo que han querido decir los electores con sus votos, todo el mundo coincide en reclamar a la ciudadanía, a los políticos y a las instituciones que actúen con la máxima inteligencia. Pues bien, para que lo hagan hay que tener especial precaución con un colectivo, a menudo ignorado, de una peligrosidad extrema. Son los estúpidos. Un grupo humano, no necesariamente organizado, que puede ser más nocivo para el futuro de nuestra convivencia que cualquier organización terrorista conocida.

Tal como advirtió hace unos años el economista Carlo Maria Cipolla en su divertido estudio sobre la estupidez humana Allegro ma non troppo, el principal problema es que tendemos a subestimar el número de personas estúpidas en circulación y el daño que pueden llegar a hacer. Se caracterizan por su capacidad de causar daños a otras personas, a menudo también a ellos mismos, sin obtener ningún beneficio a cambio. Según la teoría, y para responder a las preguntas del inicio, la proporción de estúpidos es una constante inmutable de la que no escapa ninguna sociedad o colectivo. Lo hemos podido comprobar durante estas elecciones. Si hacemos caso de lo que han dicho en público, en privado y por Twitter, los estúpidos, por desgracia, están equitativamente repartidos. Por ello, ante todo lo que se nos viene encima, dando por descontado que ninguno de ellos se dará por aludido al leer este artículo, habría que redoblar esfuerzos para identificarlos e intentar hacerles el menor caso posible. Es una tarea titánica, pero no imposible.