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En la noche de ayer, ya escrutado más del 90% de los votos, las preguntas sobre la solidez de la victoria del sí se exponían con la misma rapidez como las que el año pasado cuestionaban el estilo de Luis Enrique a principios de temporada y que al final dio el triplete. Más allá del baile matemático del ‘sí’ y del ‘no’, hemos constatado que la sociedad catalana ha cambiado el chip y pasa del derecho a decidir a la independencia.

Pongámonos en contexto, el año 2012 los catalanes eran llamados a las urnas a raíz de dos grandes momentos: la primera gran manifestación organizada por la ANC y el portazo de Mariano Rajoy a la alternativa que presentaba Artur Mas al proceso independentista, el pacto fiscal. Era la etapa del famoso “choque de trenes”, un periodo en el cual se hablaba abiertamente del derecho a decidir, en obtener una mayoría parlamentaria que facilitara la organización de un referéndum como el que haría Escocia el 18 de septiembre del 2014. Empezaba un juego político donde tres diputados catalanes iban al Congreso para recibir el ‘no’ de 299 diputados y se aprobaban la declaración de soberanía y la ley de consultas para después ser suspendidas por el Tribunal Constitucional. La etapa del derecho a decidir culminaba con un proceso de participación el 9 de noviembre.

A diferencia de los comicios de hace tres años, este 2015 el voto iba en otra dirección, en la independentista. Al legitimar una mayoría que pones en marcha un proceso para la autodeterminación de Catalunya desde el Parlament. Con una participación del 77,44%, las dos fuerzas que apostaban por el sí han registrado un 47,75%. Un porcentaje que hay quién lo compara con el del año 2012 en que CiU, ERC y CUP sumaron el 47,89%, diez décimas más pero con una diferencia muy importante que hay que remarcar, esta vez el proyecto soberanista es explícito.

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Catalunya ha cambiado el chip, deja de mirarse el dedo con el derecho a decidir y apunta a la luna. La mentalidad catalana ha pasado pantalla, con la gran participación y el porcentaje que ha votado Junts y la CUP se puede determinar que esta sociedad está lista para, en caso de referéndum, votar ‘sí’. Una baja participación y una gran victoria del ‘sí’ quedaría desdibujada por la duda de “¿que pasaría con una gran participación?”. Uno de los temores de esta campaña era, precisamente, superar el 67,76% del 2012. La participación crece un 10% y por primera vez en la historia el Parlament tiene una mayoría absoluta con dos programas que andan hacia la independencia. Si la gestión parlamentaria es buena y se cumple lo que hay programado, la sociedad acompañará el proceso. El cambio más difícil ya se ha hecho.

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