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Siempre me pregunto quién determina qué cuestión crea confrontación o no entre familiares y amistades. Leo y escucho, más a menudo de lo que debería, que el periodista y el periodismo tienen que moverse en la neutralidad y la objetividad. Muchas veces son los mismos profesionales quienes se empujan a dibujar una línea fina y transparente entre los actores para determinar una centralidad que, en realidad, tiende a curvarse a vista de terceros y es inapreciable a primera persona. En la facultad de comunicación, después de años escuchando que la objetividad es la primera norma del periodismo, ya en las últimas clases de la carrera un profesor nos expuso que este concepto es tan romántico como absurdo. “La experiencia de la persona le hace ver la realidad de una manera concreta. Interpretará los hechos de acuerdo con aquello que cree y ha vivido”.

Recuerdo las figuras del periodismo que siempre nos exponían como grandes referentes de la profesión, todos y cada uno de ellos tenían un estilo propio que se apreciaba en los textos. Un estilo que, además, tenía connotaciones políticas evidentes. Mariano José de Larra, Ernest Hemingway, John Reed y Oriana Fallaci, para decir algunos, fueron grandes escritores/periodistas que no eran en ningún caso neutrales. En sus textos representaban una crítica y pensamiento político que regateaban los conceptos de neutralidad y objetividad que tercamente se han apoderado del periodismo a pesar de ser un mito.

Desmond Tutu, sobre la neutralidad, expuso: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has escogido el lado del opresor. Si un elefante ha pisado la cola de un ratón y dices que eres neutral, el ratón no apreciará tu neutralidad”. Hasta qué punto la neutralidad seguirá vendiéndose como la posición de la cordura cuando en realidad responde a una indiferencia que pretende acomodarse junto al ganador? Gramsci no sólo es conocido por su teoría sobre la hegemonía cultural, lo es también por su odio a los indiferentes y por una afirmación que en los ateneo populares lucen en sus camisetas: “vivir quiere decir tomar partido”.

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La neutralidad sólo es posible en la ignorancia de los hechos, la centralidad en sí ya es una posición. En comunicación el silencio ya es comunicar, en política la indecisión es formar parte pasivamente de una ideología dominante.

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