La rueda

Las elecciones de la independencia

Los temas que han sido sido siempre centrales para decidir el voto quedarán ahora relegados

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Lo escuché en una conversación de bar, hablaban del 27-S y, con la tranquila normalidad con la que aquí la mayoría de la gente habla de estas cosas, se referían a ello como «las elecciones de la independencia». No hay duda, estamos ante unas elecciones excepcionales y es mérito del bloque independentista haber consolidado esta idea. En esta ocasión, los temas que han sido siempre centrales para decidir el voto ciudadano quedarán relegados a un segundo plano y en el 27-S la cosa no irá de recortes, ni de corrupción ni de políticas sociales... Irá de la independencia. Un acierto estratégico de los partidos independentistas que, entre otras cosas, evidencia la poca habilidad política demostrada por los otros partidos para frenar esta idea. En algunos momentos da la sensación de que lo que más impulsa la fuerza de las candidaturas de la CUP y Junts pel Sí son algunas acciones y argumentos de determinada gente del no. O, para ser más precisos, de la falta de argumentos. Son la gente del no y punto. La gente que utiliza la ley como amenaza y el miedo como arma, como hizo la semana pasada el insigne ministro de Defensa.

Para combatir esta percepción de excepcionalidad tampoco se puede decir que resulten demasiado afortunados los otros argumentos de gente que pide diálogo pero que, desde luego, antes deja bien claro que del tema de la independencia poco se puede hablar. Que lo dice la ley y que, naturalmente, también es que no. Entonces, ¿cuál es la opción? ¿Dialogar sobre qué? ¿Con quién? Si la independencia está fuera de la ley, ¿qué pasa con los más de dos millones de independentistas que dicen las encuestas que hay en este país? ¿También son ilegales? Las leyes están para cumplirlas, pero cuando son injustas o no se ajustan a la realidad, también están para cambiarlas. Es por eso que las próximas elecciones serán excepcionales.