PREGUNTAS SOBRE LA INDEPENDENCIA / 1

¿Estaremos en Europa?

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Angela Merkel y Mariano Rajoy, el pasado 31 de agosto en el castillo de Meseberg, en Alemania.

Angela Merkel y Mariano Rajoy, el pasado 31 de agosto en el castillo de Meseberg, en Alemania. / EFE / ZIPI

Una Catalunya independiente, surgida de una declaración unilateral de independencia sin acuerdo con el Gobierno central español, quedaría a merced de la buena voluntad de los jefes de Estado y de Gobierno de los 28 países de la Unión Europea (UE) y de las instituciones europeas para poder seguir formando parte de la UE y de la eurozona. Los dirigentes europeos consideran que la cuestión catalana es «un asunto interno de España» y todos quieren evitar el problema que crearía una independencia de Catalunya.

Esa buena voluntad de los líderes y las instituciones europeas ante la independencia de Catalunya no se puede dar por descontada, ya que el Partido Popular (PP), que gobierna España, podría ejercer su influencia en el seno del Partido Popular Europeo (PPE) para hacer muy difícil o imposible la permanencia de una Catalunya independiente en la UE y la eurozona. El PPE es en este momento la principal fuerza política en la UE y de sus instituciones clave: el Consejo de la UE, la Comisión Europea y el Parlamento Europeo.

El presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, ya consiguió que el anterior presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, y el actual presidente, Jean-Claude Juncker, ambos también del PPE, afirmaran que una Catalunya independiente «quedaría automáticamente fuera de la UE» y debería pedir la adhesión. Rajoy también logró este mes que el primer ministro británico, el conservador David Cameron, declarara que Catalunya tendría que «empezar a hacer cola detrás de otros países candidatos que solicitan su entrada en la UE». Rajoy consiguió asimismo que la cancillera alemana, Angela Merkel, afirmara sobre la cuestión de Catalunya que «es muy importante que se respete la legalidad nacional e internacional», así como «la integridad territorial de los estados».

Entre los líderes socialistas europeos, el presidente de la Generalitat, Artur Mas, tampoco ha encontrado apoyo. Por ejemplo, el primer ministro francés, catalán de origen. Manuel Valls afirmó que la independencia catalana «tendría consecuencias peligrosas para Europa». «Se equivoca quien diga que una separación no tendría consecuencias para la pertenencia al euro y a la misma UE», añadió Valls.

Francia, Italia y Ucrania

Los problemas nacionalistas en estados clave, como Francia e Italia, y la defensa cerrada por parte de la UE de la integridad territorial de la fracturada Ucrania perjudican además la aspiración de reconocimiento de una independencia catalana.

El Tratado de la UE no incluye ninguna disposición específica sobre el caso de que una región de un Estado miembro decida independizarse dentro de la propia UE. El único precedente de ampliación interna de la UE se produjo en 1990 cuando el Consejo Europeo de Dublín aprobó el 28 de abril la integración en la UE del territorio y la población de la República Democrática Alemana (RDA) por un sistema simple.

Un tercer Estado

Pero ante la independencia de una región, la Comisión Europea, que desempeña la función de guardiana de los tratados europeos, ha establecido otro criterio: «Un nuevo Estado independiente, por el hecho de su independencia, pasaría a ser un tercer Estado respecto de la UE y los tratados dejarían de aplicarse a su territorio», respondió Barroso por escrito en diciembre del 2013 a una pregunta del eurodiputado de Convergència Ramon Tremosa. Barroso subrayó que el nuevo Estado necesitaría el voto «unánime» de los demás países para obtener su admisión en la UE.

La Comisión Europea ha evitado entrar en detalle de los plazos y procedimientos administrativos y jurídicos que eso requeriría. Anunció que solo presentará un informe jurídico vinculante cuando vaya a producirse un caso concreto de independencia regional.

Ante la celebración del referéndum de independencia de Escocia en el 2014, la Comisión Europea creó un grupo de trabajo secreto, que no existía oficialmente, para diseñar un procedimiento de adhesión semiautomática que permitiera la continuidad de una Escocia independiente dentro de la UE, según fuentes comunitarias. Este grupo de trabajo estaba compuesto por miembros del gabinete del presidente de la Comisión, del servicio jurídico y de la secretaria general de la institución, según las citadas fuentes.

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El anterior presidente de la UE, Herman van Rompuy (PPE), también declaró en diciembre del 2013 que «si Catalunya se independizara» de España «se convertiría desde el mismo momento de la independencia en un Estado ajeno a la UE y los tratados dejarían de aplicarse en su territorio». Van Rompuy destacó que debería solicitar su adhesión a la UE y que esa adhesión necesitaría el respaldo unánime de todos los estados miembros, incluida España.

Por su parte, el presidente del Parlamento Europeo, Martin Schulz, ha evitado entrar en el fondo de la cuestión y siempre se ha limitado a insistir en que la cuestión de Catalunya «es un asunto interno, no europeo, un problema que no puede resolver la UE, ni resolverse en Bruselas».