La rueda

Albania, confusión sobre confusión

El problema es la incapacidad arrogante de muchos para admitir que existe un conflicto

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Hace un tiempo, recorrí Albania. Temo que no sea el caso de ciertos políticos que la toman como exponente de una plausible Catalunya independiente. En lo único en que se parecen ambos países es en el tamaño. Ni eso: Catalunya es más extensa. Equiparar una de las zonas más dinámicas de la UE con uno de los rincones más deprimidos de los Balcanes es afinar bien poco.

O no querer afinar, que es peor. El debate sobre la constitución de Catalunya en Estado independiente se caracteriza por su inexistencia. Los unionistas niegan el conflicto y pasan de inmediato a desbarrar sobre el tema. No ponen sobre la mesa argumentos en contra de la secesión. Es frustrante, porque los hay. Creo que son menos consistentes que los argumentos a favor, pero sería constructivo poderlos considerar. Pero no, afloran enseguida el Santiago y cierra España y las comparaciones pintorescas.

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Ni vagaremos por el espacio sideral, como afirma el ministro García Margallo (PP), ni nos convertiremos en Albania, como sostiene el expresidente Felipe González (PSOE). Despropósitos aparte, ¿tienen algo que decir estas personas y otras igualmente significativas? Me gustaría escucharlo. El principal problema son ellos y su arrogante incapacidad para entender y aceptar la realidad, una mala actitud secular de la que arranca todo. Ahora hay ya demasiado estropicio, el divorcio moral está consumado.

El main stream imperante en el imaginario catalán no es ni nacionalista, ni separatista, ni independentista. Esto son términos derivados de la supeditación, denominaciones del paisaje que se ve desde España. Los noruegos tampoco lo son. Son noruegos independientes y basta, bien avenidos con los demás países escandinavos justamente desde que tuvieron un Estado propio. Esta comparación sí es digna de consideración.