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El pasado 24 de mayo Ada Colau ganó la alcaldía de Barcelona con los votos de unionistas, federalistas e independentistas que intuyeron en su candidatura un aire de cambio municipal que entonces ninguna otra fuerza era capaz de generar. A diferencia de los comicios del mes de mayo, el próximo 27 de septiembre la adaptación nacional de la fórmula bajo el nombre de Catalunya sí que es pot se encuentra en un dilema social que tiene respuesta en casi todas las reivindicaciones de Junts pel Sí y CUP-Crida Constituent. Esta vez, los votantes de CSQP, igual que su dirigente, Lluís Rabell, se verán ante las urnas con la tesitura nacional de votar a favor de una Catalunya soberana que apuesta por un modelo social justo, o por una Catalunya que tiene que negociar con el nuevo gobierno español una reforma condicionada a quien ocupe la Moncloa. La diferencia es evidente, controlar las riendas de tu gobierno o pedir permiso.

La oposición de Junts pel Sí y la CUP no es la lista de Rabell, es el Partido Popular. El partido del 'no' al derecho a decidir de los catalanes, el 'no' al decreto contra la pobreza energética, el ‘no’ al decreto ley de los impuestos bancarios, el 'no' a prohibir el fracking y el 'sí' a la reforma de la Constitución para recentralitzar las competencias de las autonomías. El adversario de las listas por la independencia son las del centralismo que viajan al pasado para redactar la que iba a ser la nueva ley del aborto. Una postura que representan también Ciudadanos, Vox y UPyD, partidos contrarios a la soberanía y que reciben implícitamente el apoyo de aquellos que apuestan por la reforma. Aquella reforma que necesita dos tercios del Congreso y del Senado, unas elecciones generales, la ratificación de las dos cámaras, volverla a aprobar por dos tercios y un referéndum ciudadano. Aquella que va medio anunciar Mariano Rajoy, quien ha sido incapaz, durante cuatro años de mayoría absoluta, de poner sobre la mesa porque sabe que el proceso de reforma de la Constitución supone convocar unas elecciones que le darán un Congreso más fragmentado, como el que dibujará la nueva legislatura y dificultará, todavía más, cualquier cambio. Se imaginan PP, C’s y UPyD sumando para estos dos tercios?

A pesar de los intentos de muchos miembros de Catalunya sí que es pot como Albano DanteCoscubielaNuet, el mismo Rabell o de tertulianos que los representan en querer polarizar la campaña con un "todos contra Junts pel Sí" con proclamas acusatorias, se encontrarán con la mano tendida en lugar de un ogro que llama, recrimina y ataca. La campaña de Junts no es una lucha para gobernar la Generalitat, se traza para conseguir tener las herramientas de un Estado. Decía un miembro de la CUP que ahora "no hay nada más antiguo que querer ganar unas elecciones para gobernar la Generalitat, cada dos meses ir a Madrid con la carpeta de los deberes hechos y entregar una lista de todo aquello que quiere, necesita y no le dan". Es en esta intención de alargar esta figura vieja y servicial, precisamente, donde quiere ganar el PP el próximo 27 de septiembre y en la cual CSQP se ha puesto a su lado a pesar de que un sector de su electorado quiere la plena soberanía.

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Amigo Rabell, hay tanto en común con Junts pel Sí y la CUP. No esperes la confrontación con aquellos que como tú el 9 de Noviembre votaron 'sí-sí' al derecho a decidir de los pueblos, a la libertad política, a dar respuesta a las necesidades sociales de Catalunya y a ser un Estado con todas sus herramientas para hacer realidad las reformas sociales que impulsa el Parlament de Catalunya sin temor a ser suspendidas por el Tribunal Constitucional. Tus adversarios son los del ‘no’, aquellos que implícitamente apoyas y tienen como líder el Partido Popular. De las listas soberanistas espera la mano tendida, no la confrontación que muchos de tu formación quieren y desean.

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