29 mar 2020

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ANÁLISIS

Otra burbuja pinchada ¿o simple especulación?

José Antonio Bueno

Con la misma implacabilidad de la ley de la gravedad que hace que todo lo que sube baja, las burbujas económicas acaban explotando. Es pronto para decir si estamos ante el pinchazo definitivo de la economía china, pero no cabe duda de que se le escapa aire por sus costuras. 

Igual que no todo el mundo que jugó a ser mago de internet se forró ni todo el que especuló con el ladrillo acabó millonario, no todo es oro en China por más que ciertos gurús se empeñen en contarnos lo contrario. La potencia asiática ha sido, y es, motor del crecimiento mundial desde que en los años 80 del siglo pasado se abrió al mundo para ir tomando un papel cada vez más relevante hasta su consagración en el 2001 cuando Goldman Sachs se inventó el acrónimo de los BRICs (Brasil, Rusia, India China).

Su crecimiento acelerado se debe, sobre todo, a una (sobre)inversión en infraestructuras y a un potente sector exportador que ha crecido gracias a sus bajos precios (ignorando el dumping (precio desleal) social y ecológico que practican y el nulo respeto a la propiedad intelectual que profesan. A Occidente le complace pues ha importado productos baratos, ha exportado tecnología y las grandes multinacionales albergan la esperanza de conquistar un mercado casi infinito.

Llevamos muchos años así, tantos como que antes o después algo tiene que pasar. El mundo ya se ha dado cuenta de que producir cerca de casa es bueno y pocas inversiones quedan por hacer en un país al borde del colapso ecológico, al menos con el modelo actual.

En China NO (en mayúsculas) rige una economía de mercado como la nuestra sino una economía dirigida que está ensayando un capitalismo de estado donde el crédito y las empresas están, en su gran mayoría, controladas por el Estado, o mejor dicho, por el Partido Comunista Chino (PCC). Sus indicadores no son comparables a los nuestros ni sus estadísticas fiables, pero Occidente se empeña en ver a China como si fuese un país capitalista.

La bolsa china subió impulsada por el ahorro popular redirigido y ahora se está desinflando porque los fondos internacionales, que también los hay, huyen antes del estallido de la burbuja. Lo más probable es que se apliquen medidas para sostener artificialmente los valores y vuelva la calma. Pero el crecimiento ya no es del 10% y puede que tampoco del 7% como apuntan sus objetivos, sino de valores normales, entorno al 4%. La economía de China está aterrizando, ¿Está preparada para ello?

CHINOS RICOS

Todas las economías desarrolladas cuentan con el consumo interno para estabilizarse. En China todavía no es así porque aunque hay megarricos, ricos y clase media, la gran mayoría de los 1.370 millones de chinos siguen sin ver esta riqueza. Aunque China ya es la segunda economía mundial, su PIB per cápita solo es un poco superior a la tercera parte del español, inferior al de Gabón, Costa Rica o Irak y no llega a la quinta parte del norteamericano.

China dista mucho de ser un país avanzado en su totalidad, por más que Shanghái sea una maravilla. Hasta que no logre que su población pueda consumir, seguirá siendo un ejercicio de ejercicio de laboratorio en manos del todopoderoso PCC.

Los vaivenes en las bolsas, la enorme cantidad de inmuebles sin vender (se estima que las viviendas desocupadas podrían dar cabida a más de 200 millones de personas), la lentitud del crecimiento pese a los estímulos monetarios y la devaluación de yuan, unidos a catástrofes como la explosión en el puerto de Tianjin, auguran un más que interesante nuevo plan quinquenal, porque China no puede seguir como hasta ahora. La cita será en marzo del 2016, pero mientras tanto estaremos viendo subir y bajar unos índices dopados con incentivos monetarios.

SEGUIDISMO

Lo peor de todo es el seguidismo de los mercados, alimentado por los bancos de inversión, que hacen que las caídas de la bolsa china afecten a las de todo el mundo y, como derivada, a los ahorros y planes de pensiones de casi todos, incluso de quienes no son capaces de nombrar tres ciudades chinas, entre otras cosas porque ninguna falta les hace. A quien mueve las bolsas solo le hace falta una excusa (China, Grecia, petróleo, materias primas, guerra de divisas...) para moverlas en su beneficio sin importar las consecuencias.

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