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Twitter se ha convertido en la trinchera ideal para la confrontación política. En Catalunya, este verano está siendo atípico por la convocatoria electoral del 27-S. A diferencia de anteriores agostos, este año los candidatos, militantes y simpatizantes han dedicado buena parte de sus horas de relax y desconexión a la precampaña electoral en Twitter, convirtiendo esta red en un foro permanente, tenso e incluso tóxico. Veníamos de unas semanas y meses previos de gran calibre ciberpolítico, y este agosto no ha supuesto descanso alguno. Todo lo contrario. Algunos candidatos y sus palmeros digitales han dado síntomas de sufrir golpes de calor en Twitter, con intervenciones desafortunadas y crispadas. Las elecciones y el debate de la independencia son incompatibles con las altas temperaturas, y lejos de seducir con sus posicionamientos, algunos políticos han conseguido desalojar a los usuarios de Twitter durante este agosto.

Instagram se ha erigido en el mejor refugio para los expulsados de Twitter. Las vacaciones son perfectas para esta red social de fotos en el móvil. No hay margen para la polémica, ni spam de campaña, ni crispación. Todo es agradable, sospechosamente idílico. Cuelgas capturas de los mejores momentos de tus vacaciones, pasados por filtros y edulcorados gráficamente para lograr likes entre tus amigos. Sigues los viajes y experiencias de tus colegas en Instagram, y ellos te siguen a ti. Hace años se hacían álbumes con fotos químicas y se quedaba para compartir las vacaciones en familia o con los colegas. Todo esto se acabó, y ahora las postales se comparten en tiempo real. Viajas físicamente y virtualmente con tus seguidores en Instagram. Desconectas de verdad mientras en Twitter el hooliganismo no cesa. La rentrée 2.0 será dura.

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