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La clave

Un poco de talante (no) basta

Bernat Gasulla

Ya lo dijo nuestro gurú en asuntos europeos, Eliseo Oliveras, cuando Mariano Rajoy efectuó (con nocturnidad y alevosía, ¿recuerdan?) el nombramiento del nuevo ministro de EducaciónÍñigo Méndez de Vigo, hasta entonces secretario de Relaciones con la UE, sobresalía por su capacidad de diálogo. Vamos, dicho en román paladino, que había demostrado cintura en las mesas de negociación en Bruselas.

Y fue precisamente eso lo que el sucesor de Wert demostró el jueves por la tarde en la reunión con los consejeros autonómicos de Educación. Méndez de Vigo se sacó de la chistera una solución a la europea para desatascar el calendario de aplicación de la LOMCE. El ministro acordó con los consejeros dividir el decreto que imponía las reválidas, congelar estas pruebas en la secundaria y ganar tiempo, como mínimo un curso. Fue poco menos que un patadón a la grada. Muchos han querido ver en la actitud de Méndez de Vigo una muestra de un nuevo talante, esa odiosa palabra que colocó en el diccionario político español José Luis Rodríguez Zapatero. Pero el talante para el político debería ser como el valor para el militar. Una cualidad siempre exigible.

La LOMCE sigue

La LOMCE es un torpedo que apunta (y en algunos casos ya ha empezado a impactar) en la línea de flotación del sistema educativo. Por un lado, atenta contra la igualdad de oportunidades en la enseñanza. Por otro, supone una agresión en toda regla al idioma de algunas autonomías, especialmente al catalán. Y Wert, ese Doctor Maligno recompensado por Rajoy con un chollo en la OCDE, ha sido el profeta de ese ataque.

El ministro, cierto es, ha mostrado talante, cualidad de la que carecen otros compañeros de gabinete. Pero que nadie se engañe.Méndez de Vigomantiene la LOMCE, y su aparente concesión obedece a una mera cuestión de aritmética política. Durante la legislatura, la conferencia sectorial de Educación tenía a 12 consejeros del PP y 5 de otras formaciones. Ahora, las tornas han cambiado y solo hay 5 consejeros del PP. Más que talante, lo que ha pasado es una cuestión de supervivencia política. Al menos, hasta las elecciones.

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