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Los vericuetos de la investigación

Cosas extrañas de la biología

Manel Esteller

A los científicos nos rondan por la mente, como crucigramas nunca acabados, curiosidades profesionales

Me gustan los rituales. Me siento seguro en ellos. Con la tranquilidad de las cosas que tienen un orden aparente, que se repiten cíclicamente y de las que sabes qué esperar. Pero la naturaleza no es necesariamente así. Y a veces decide sorprenderte. Y sales de la cómoda rutina. Del conocimiento establecido. Y te vienen a la cabeza historias raras de los seres vivos y de sus células. Los científicos somos un poco así. Y de eso quería hablar hoy. De las curiosidades biológicas que nos rondan por la mente como crucigramas nunca acabados o como aquel libro dejado a la mitad. ¿Sabían ustedes que...?

1.Una parte de nuestro cuerpo no está demasiado claro para qué sirve. Se llama apéndice y se encuentra en el inicio de nuestro intestino grueso (abajo y a la derecha mirándonos en el espejo). Todos conocemos a gente operada de apendicitis y todos hacen vida normal. Pero entonces, si no nos es útil, ¿por qué está allí? ¿Resto evolutivo o función incógnita?

2. Nuestras células son caníbales. Algunas siguen  en la actualidad comiéndose a otras como hacen los macrófagos, pero todas tienen un esqueleto en el armario. Parece que las células eucariotas (las nuestras) se comieron a otras más primitivas para apropiarse de sus recursos. Hoy estas células deglutidas se llaman mitocondrias y nos sirven para obtener energía. Algunas otras células quizá se comieron a otros pequeños seres flagelados (con colita) y dieron lugar a nuestras células ciliadas. Todo esto lo decía Lynn Margulis, y todo es posible.

3. A todos nos gusta vivir sin demasiado frío ni demasiado calor. Pero a una bacteria le gustan los ambientes muy hot: se llama Thermus aquaticus y le gusta estar en los manantiales de agua muy caliente. ¿Y qué?, se preguntarán ustedes. Pues que esta propiedad ha permitido obtener de ella una proteína llamada Taq DNA polimerasa, que es la base de la reacción en cadena de la polimerasa (PCR), la técnica que revolucionó la biología molecular y que justifica los sueldos de los actores de CSI.

4. La evolución tiene sus cosas. A veces no se decide. Si un gen no es útil, se acaba mutando y el organismo acaba perdiéndolo. Pero ¿y si no estamos seguros? Por ejemplo, hay un receptor del olor que el chimpancé tiene activado y nosotros apagado químicamente. Él lo necesita para sobrevivir en su hábitat y nosotros, entre tanto perfume y contaminación, ya no lo usamos. Pero ¿y si un día nos vemos forzados a regresar al bosque en condiciones semisalvajes? Pues lo desmetilamos y venga a oler frutos para saber cuál es el bueno y cuál el venenoso.

5. Los científicos cooperan muy frecuentemente y sus relaciones son bastante civilizadas. Pero a veces surgen competiciones y rivalidades: una de las más conocidas es la que hubo entre Ramón y Cajal y el italiano Golgi. Uno defendía que las neuronas no eran un continuo físico, y el otro decía que todo era una inmensa red reticular. El primero tuvo razón en este punto, pero ambos contribuyeron a nuestro conocimiento en esta materia. De la rivalidad sana puede salir la excelencia.

6. Podemos aprovecharnos de las estrategias de otros animales para hacer nuestra vida más cómoda. Hay un pez al que le gusta vivir entre las medusas y ha desarrollado una protección que lo hace insensible a sus picaduras. Pues las primeras pomadas con este compuesto ya empiezan a aplicarse en humanos para poder bañarse tranquilamente. Turistas metamorfoseados.

7. De pequeño, uno de los libros que me regalaron que más me gustaba era Los animales de Oceanía. Precioso, lleno de dibujos de animales extrañísimos de aquel continente que hacían volar la imaginación de un niño. Hay un animal que a mí me encanta: el ornitorrinco. Una rareza viviente. Un mamífero que pone huevos. Además, tiene un hocico en forma de pico de pato, cola de castor y patas de nutria. Vive en Australia y Tasmania y también me encanta su nombre en inglés, Platypus. ¡Qué le vamos a hacer!

8. Hay gente (un poco rara, eso sí) que considera la muerte una enfermedad, no el proceso normal y final de la vida. Por ejemplo, la Fundación Matusalén busca vencer el envejecimiento. Es interesante ver que hacerse viejo conlleva unos rasgos comunes: cae el cabello, la piel se arruga, hay más riesgo de cáncer y enfermedades cardiovasculares. Y es chocante  que los niños con envejecimiento prematuro (progerias) también desarrollen estos rasgos.

No quiero hacerme más pesado, pero la lista de hechos enigmáticos y excepcionales daría para muchas más líneas. Eso sí, a veces pensamos que una cosa es extraña y en realidad no lo es. Como diría el maestro Eugenio: «Un señor va al médico y le dice: 'Mire, doctor, me pasa algo extrañísimo: cuando bebo café, me duele el ojo'. El médico lo mira y responde: '¿Ha intentado quitar la cucharilla de la taza?'».

Disfruten del verano y sean felices.

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