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Diversos medios de comunicación se hacían eco ayer del asesinato de una mujer y sus dos hijos en su casa de Castelldefels a manos presuntamente de su marido. En el mismo día conocíamos también el asesinato de una mujer en Rubí a manos presuntamente de su hijo de 17 años y todo ello sin apenas reponernos del asesinato de dos niñas la semana pasada en Moraña (Pontevedra) presuntamente a manos de su padre. Unos medios hablan de violencia doméstica. Otros de violencia intrafamiliar y/o parricidio. Ahora bien -con las cautelas propias del avance de las distintas investigaciones- sí cabría apuntar algunos elementos en común que nos permitirían catalogar estos casos como asesinatos machistas (y/o violencia de género).

La pregunta, por tanto, es obvia: ¿Por qué son asesinatos machistas (y/o violencia de género? Pues bien, se define la violencia de género (véase la LO 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género) como la violencia que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo, por ser consideradas, por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión. Esta definición no plantea problemas cuando son las mujeres asesinadas por parte de sus parejas o exparejas (salvando las críticas habidas a la LOIVG ya que a nivel internacional el concepto de violencia de género es un concepto más amplio y no se reduce única y exclusivamente a la violencia que sufren las mujeres en el ámbito afectivo/convivencial). No obstante, y sin ánimo de entrar en este debate (que daría para otro artículo) lo cierto y verdad es que los datos conocidos presentan elementos coincidentes que desvelan y ponen al descubierto que estos asesinatos responden a relaciones asimétricas de poder en el ámbito convivencial fruto de la forma de socialización patriarcal.

La instrumentalización

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Las informaciones en prensa del caso de Castelldefels son muy reveladoras puesto que se habla de discusiones del matrimonio e, incluso, de llamadas a los Mossos a pesar de que no consta ninguna denuncia por violencia de género. Por su parte, en el caso de Moraña las informaciones que han trascendido hablan de venganza del marido contra su exesposa. Sin duda son elementos a tener en cuenta si se habla de violencia de género sabiendo que una de sus características es que es una violencia extendida, esto es, que también otras personas relacionadas con la víctima pueden ser (y son, de hecho) destinatarias de las agresiones que generan este tipo de violencia. Y es que conviene no olvidar que lo que busca el agresor machista es el control y la sumisión de la víctima y para ello no dudará en instrumentalizar a los hijos e hijas (y a cualquier otra persona) en su estrategia de control.

Lamentablemente los últimos asesinatos conocidos van mucho más allá de esa instrumentalización y ponen de manifiesto la importancia de reflexionar sobre las medidas y las políticas públicas destinadas a erradicar este tipo de violencia. Los datos de la Macroencuesta de 2015 son muy ilustrativos cuando se señala los motivos por los que muchas mujeres no denuncian la violencia de género de la que son objeto. Y es que hay una cierta desconfianza institucional por parte de las mujeres - entre otros motivos- sobre la que habrá que tomar nota si lo que se busca es acabar con este tipo de violencia que atenta contra la vida, la libertad y la integridad física y moral de más de la mitad de la humanidad. De ahí la importancia de sacar a la luz pública este tipo de violencia que condiciona la subjetividad jurídica y política de las mujeres y por tanto su ser y estar en el mundo en condiciones de igualdad.