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Opinión | Al contrataque

OLGA MERINO

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El vértigo de las listas

En el mejor de los casos, chapotearemos en el pantano un año más, hasta el próximo verano, con el agua de la parálisis hasta el cuello

Listas las hay de muchas clases. La de bodas, la de los reyes godos, la de los diez mandamientos, la de Schindler para salvar judíos polacos durante el Holocausto, la de Los 40 principales, la que hizo Falciani con los nombres de los evasores fiscales y las listas negras que frecuentan los intransigentes. La de la compra resultaría también un instrumento muy eficaz para el ahorro doméstico si no fuera por su perseverante tendencia a quedarse olvidada sobre el mármol de la cocina (siempre faltan demasiadas cosas en la reconstrucción mental).

Listas por todas partes. Las cien obras maestras de la literatura universal, las diez islas que deberías visitar antes de estirar la pata, cómo construir tu felicidad en siete sabios pasos. Tan rodeados estamos de catálogos que el semiólogo italiano Umberto Eco dedicó el ensayo El vértigo de las listas El vértigo de las listas(Lumen, 2009) a esa predilección de los humanos por las enumeraciones. ¿Y por qué? Pues porque las listas ayudan a hacer el infinito comprensible, a poner cierto orden en medio del caos. Diccionarios y enciclopedias son, de hecho, largas listas por orden alfabético para acotar el conocimiento.

Sin embargo, acaba de aparecer una lista que no sé si cumple con su función intrínseca de organizar el mundo y sus entropías o si, por el contario, embrolla aún más la madeja, aunque dejara atrás la coletilla del «sin políticos». Me refiero a la lista transversal de Convergència con Esquerralas entidades soberanistas y el ecosocialista Raül Romeva a la cabeza. Porque, a todo esto, ¿llevarán un programa conjunto el 27-S? ¿Políticas concretas más allá del órdago? ¿Qué partidas primarán en los presupuestos?

Fuelle al soberanismo

Desde luego, como maniobra electoral resulta brillante por dos motivos: sube de revoluciones la ilusión independentista, que venía perdiendo fuelle, y permite, por otro lado, que el president Artur Mas pueda ir tirando hasta las elecciones generales, donde reside la clave de todo. Ante la catatonia aguda de Rajoy, incapaz de comprender que el arte de la política radica en encauzar los problemas y no en judicializarlos, la única esperanza radica en aguardar un cambio de mayorías en Madrid, la modificación de la Carta Magna y el acuerdo de un pacto fiscal más favorable para Catalunya. O sea, el regreso a la casilla número uno. ¿Hay otra salida? Seré miope, pero no la veo.

En el mejor de los casos, chapotearemos en el pantano un año más, hasta el próximo verano, con el agua de la parálisis hasta el cuello. Y, mientras, seguirá sin resolverse la lista de los asuntos pendientes: el paro, los recortes, la privatización de la sanidad, la corrupción hedionda que se viene ocultando bajo la alfombra, el pensamiento único de la austeridad, qué hacer con la oleada migratoria y hasta la misma idea de Europa. La lista de las listas.