02 dic 2020

Ir a contenido
Tytania (Sandrine Piau) se entrega al abrazo de Bottom (Brindley Sherrat) convertido en un asno, en ’El sueño de una noche de verano’, de Benjamin Britten, representada en el Festival de Aix en Provence.

PATRICK BERGER

Un sueño resistente al tiempo y al calor

Rosa Massagué

El Festival de Aix en Provence repone 'El sueño de una noche de verano', de Britten, que firmó Robert Carsen en 1991

En una calurosísima noche como la del pasado viernes (o cualquier otra noche de este verano tórrido), la cama enorme que llena todo el escenario del Théâtre de l'Archevêché, con sus sábanas verdes, predispone a la magia y a la sensualidad de la refrescante ópera de Benjamin Britten 'A Midsummer Night's Dream', 'El sueño de una noche de verano', basada muy literalmente en la obra homónima de William Shakespeare.

El Festival de Aix en Provence recupera así una puesta en escena que en 1991 un entonces joven Robert Carsen había diseñado para el certamen provenzal y para la Ópera de Lyon y que desde entonces ha recorrido el mundo. Es el mismo montaje que en el 2005 llegó al Liceu. Los 24 años transcurridos desde su estreno no han hecho mella en la propuesta escénica del canadiense. Sigue siendo fresca, ágil, elegante y se adapta bien a las ideas musicales de Britten.

La atemporalidad que esboza Carsen se conjuga con la que plantea el compositor, con la interrelación de tres mundos separados que la noche mágica de verano hace converger. Estas tres esferas son la de las hadas, representado por Oberon y Tytania; la de los amantes Lysander y Hermia, y Demetrius y Helena, con su carga de incomprensiones, y el mundo de los rústicos convertidos en actores de una pantomima.

Los colores reducidos en el escenario --el verde del bosque/cama y el azul del cielo-- así como la escasez de elementos dan paso y preeminencia a la riqueza de la partitura del compositor inglés con sus cromatismos tan variados según sea el mundo en el que se desarrolla la acción.

La orquesta de la Ópera de Lyon tiene muy interiorizada la música de Britten (el pasado año le dedicó todo un festival) y esta ópera en particular. Con su todavía director Kazushi Ono al frente, en Aix reproducía la magia del compositor que bebe de Shakespeare, hecha de 'glissandi' con aportaciones de arpas y celesta, armonías misteriosas, motivos próximos al barroco o aproximaciones cómicas a la ópera italiana.

Britten dio a la pareja formada por Oberon y Tytania una tesitura muy particular para interpretar el mundo de fantasía en el que viven las hadas. Los muchos contratenores que ahora hay en los escenarios deberían ponerle dos velas de agradecimiento a Britten porque esta ópera marcó un punto de inflexión. El compositor quiso que uno de los papeles protagonistas, el de Oberon, fuera interpretado por un contratenor, concretamente por Alfred Deller, considerado como el 'padre' de la reaparición moderna de esta cuerda vocal que entonces era una auténtica rareza cuando se estrenó en 1960.

Lawrence Zazzo es un Oberon majestuoso con su timbre intenso. Sandrine Piau sube con gran facilidad a los agudos que Britten reservó a su Tytania. El resto de voces son todas de un nivel bueno y homogéneo. Cabe destacar que algunos de ellos como Scott Conner (Theseus), Rupert Charlesworth (Lysander), John Chest (Demetrius) y Layla Claire (Helena) son antiguos miembros de la Academia del festival, un centro de excelencia vocal e instrumental que desde 1998 ayuda al perfeccionamiento de jóvenes profesionales.

En 'El sueño de una noche de verano' hay un personaje que no canta. Es Puck, el duendecillo pícaro que combina todos los disparates que se desarrollan durante la noche. Britten quiso que este personaje pudiera hacer acrobacias. En Aix, el actor Miltos Yerolemou, con un físico aparentemente poco atlético, hace gala de una gran agilidad de movimientos y piruetas por todo el escenario.

Y otro personaje, en este caso colectivo, es fundamental en esta ópera. Son los elfos y hadas interpretados por el Trinity Boys Choir, de Croydon, un coro muy habituado a las representaciones operísticas.

Si tuviéramos que hacer un podio con este 'Sueño', Carsen se quedaría con el bronce, Britten con la plata y el oro sería para Shakespeare que fue el gran hacedor de todos los enredos que llenan de vida una calurosa noche de verano.