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Análisis

¿Quién gana y quién pierde con este acuerdo?

Eduard Soler Lecha

Han sido más de diez años de negociaciones pero los últimos meses han sido frenéticos. Están de celebración los miembros del equipo negociador pero también los que, no estando presentes en Viena, se han arremangado para que el acuerdo viera la luz. Es el caso delos presidentes Hasan Rohaní y Barack Obama. El primero ganó las elecciones con la promesa de reactivar la economía y abrir Irán al mundo. Sin acuerdo, o lo que es lo mismo, con el mantenimiento de las sanciones, ese era un objetivo inalcanzable. Obama, por su lado, podrá apuntarse otro éxito diplomático en este final de mandato para poder sumar a su legado presidencial.

No hay duda de que Irán y Estados Unidos son las piezas clave de este acuerdo. Pero eso no quita para que la Unión Europea pueda presumir de haber creído en la diplomacia incluso cuando otros apostaban por la vía militar. Desde el 2004, los altos representantes para la política exterior europea, desde Javier Solana a Federica Mogherini, pasando por Catherine Ashton, se han implicado personalmente en la negociación con Irán.

Todos los que se benefician de un petróleo a precios bajos también están de enhorabuena y, alrededor de la mesa negociadora, China y los países europeos entran dentro de esta categoría. Si Irán recupera el ritmo exportador del 2012, eso implica añadir al mercado un millón y medio de barriles por día y eso tendrá efectos en los mercados.

Aunque menos evidente, también salen reforzados los que defienden las sanciones como un instrumento útil. Desde esta posición, se argumenta que sin sanciones (y la posibilidad de levantarlas), el Gobierno iraní no habría tenido incentivos para llegar al acuerdo actual y que sin la amenaza de reintroducir las sanciones de forma automática en caso de incumplimiento, el acuerdo sería papel mojado.

Puede parecer un debate de expertos pero tiene consecuencias prácticas de gran alcance y que no se limitan a Irán. Por ejemplo, en un momento en que los europeos se están planteando qué hacer con las sanciones sobre Rusia, el precedente iraní puede dar la razón a quienes apuestan por mantenerlas o incluso endurecerlas si Vladimir Putin no cambia de estrategia.

Finalmente, los aliados de Irán, empezando por el régimen de Bashar al Asad, están presentado este acuerdo como una victoria propia. Está por ver si su alegría será duradera, ya que Irán podría matizar su política de alianzas, para afianzarse no solo como una potencia regional, sino también como un actor más constructivo.

Esta es la cara de la moneda. ¿Y la cruz? Ahí encontramos a todos los que han trabajado activamente para que la foto de hoy no se produjese: el ala más intransigente del régimen de los ayatolás, miembros del Partido Republicano en EEUU; Benjamin Netanyahu, que ha hecho de Irán una obsesión personal y que ha calificado el acuerdo como un error histórico; y Arabia Saudí, el principal rival de Irán en Oriente Medio. Tras la derrota tienen dos opciones: adaptarse o buscar la revancha.

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