La rueda

Esta Europa, ¿para qué?

Tras la pelea griega, el euro queda como un simple mecanismo de tipos de cambio

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Mucho más que una humillación, una venganza o un acto de soberbia colonialista, el trágala que la UE ha impuesto a Grecia es el triste reconocimiento de que el proyecto de unidad europea se ha parado para siempre y que desde este momento solo puede dar pasos atrás, quién sabe si enormes a corto o medio plazo. Lo que se ha dicho durante la negociación y la sustancia del acuerdo desprecia buena parte de los principios que desde hace más de seis décadas inspiran a la Unión. Y particularmente arrumban de forma definitiva la idea de que el euro era una vía hacia la unidad política.

Alemania y los países que han seguido su dictado han evitado que Grecia salga del euro y que estalle una nueva tormenta financiera. ¿Pero por cuánto tiempo? ¿Alguien se cree que un país hundido económicamente va a salir a flote porque se la haya sometido a una nueva y durísima cura de austeridad, que es justamente lo que desde hace cuatro años agrava su desastre? ¿Cuántos meses faltan para que Grecia dé un nuevo susto, que esta vez puede venir de la mano de un estallido social en el país?

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Ha ganado la ortodoxia que imponen los centros financieros del continente. La que dice que, por encima de cualquier cosa, han de preservarse los intereses de los acreedores. Y ha perdido Alexis Tsipras, por haber tenido la osadía de poner en cuestión ese principio, aunque no pocas razones -compartidas por muchos que hoy callan- avalaban su intento.

Tras la pelea, el euro queda como un simple mecanismo de tipos de cambio, sin más sustancia ni mayor futuro. Y la UE como una institución en la que solo mandan los poderosos y que provoca un rechazo creciente entre la gente corriente, que ve cada vez menos claro qué saca a cambio de sus sacrificios. Merkel pasará a la historia como la política que se cargó un sueño, porque le venía grande.