11 jul 2020

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¿Recuperamos el Districte 11 para las víctimas de Síria?

Xavier Rius


El pasado sábado, 11 de julio, con motivo de cumplirse el vigésimo aniversario de la masacre de Srebrenica, en la que fueron asesinados en tres días, 8.373 bosnios que estaban en el enclave teóricamente protegido por los cascos azules holandeses, se hizo un emotivo acto en el Born, en Barcelona, de lectura de los nombres de los que allí murieron.

El primero que subió al escenario para recitar el nombre de algunas víctimas fue Pasqual Maragall que, como alcalde de la ciudad olímpica de Barcelona, lideró varias iniciativas de solidaridad durante la guerra con la también ciudad Olímpica de Sarajevo, que en 1984 había acogido el juegos de invierno. Y en 1996, terminada la guerra, Maragall declaró SarajevoDistrito 11 de Barcelona -que tiene diez-, iniciándose una serie de proyectos de colaboración en los que se implicaron muchos ayuntamientos catalanes, ONGs, y entidades de todo tipo. Y para llevarlo a cabo, Barcelona abrió en Sarajevo una oficina o embajada, bajo el amparo del Consejo de Europa que, durante mucho tiempo, fue la única representante de España en la capital de Bosnia. Oficina que daba cobertura y ofrecía apoyo técnico y logístico a muchos de los proyectos solidarios de toda España.

El primer año este oficina o embajada estuvo dirigida por el entonces periodista de TV3, Carles Bosch, y más tarde por el del 'Avui', Eric Hauck. Dos periodistas que se implicaron para explicar el mundo lo que ocurria, muy conocedores de la compleja situación de ese país. Y por un tiempo quisieron cambiar de rol, implicándose con la reconstrucción. Hauck perdió allí en 1992 a su compañero, el fotógrafo Jordi Pujol Puente, que fue el primero de los muchos periodistas que morirían en aquel conflicto.

Desde Districte 11, en coordinación con el Comité Olímpico Internacional, que presidía Juan Antonio Samaranch y más tarde con Javier Solana, que sería el máximo responsable de la diplomacia europea, se tejió una red de contactos y fuentes de financiación de las instituciones internacionales, que permitió desarrollar proyectos de todo tipo, de los que destacan la reconstrucción integral del barrio olímpico de Mojmilo, ubicado en la que fue línea de frente durante el asedio, o del Palacio Olímpico de los Juegos de Invierno de 1984. Pero lo más importante de todo fue la red de complicidades humanas que se generó.

Unos arquitectos de Lleida, con el apoyo de la Paería, se implicaron en la reconstrucción del centro médico del barrio de Mojmilo. La facultad de optometría de Terrassa, con la ayuda también de su consistorio y oenegés vallesanas, desarrollaron un proyecto tan sencillo y necesario, como el abastecimiento de gafas, un producto que no es ningún lujo que no suele estar en el alcance de las víctimas y desplazados en una guerra. Ayuntamientos y entidades de Sabadell y Cornellà impulsaron proyectos en el barrio vecino de Dobrinja, y Hospitalet en la ciudad de Tuzla. No sigo la lista porque no cabría en este artículo y sería parcial y incomplerta. Y oenegés que ya existían o que se crearon con motivo de este conflicto, desde Mestres x Bòsnia Payasos sin Fronteras asumieron proyectos de todo tipo, teniendo siempre la oficina de Barcelona en Sarajevo, como punto logístico desde donde operar o que les facilitaba intérpretes o domicilios particulares donde alojarse, creando unas relaciones de amistad entre personas y familias de aquí y alla, que aún perduran.

Y el rol que jugó Barcelona ha sido reconocido por la ciutad de Sarajevo que otorgó la distinción de ciudadanos de honor de la misma a Maragall y a Manel Vila, que fue el gerente de este Districte 11 de Barcelona. Aunque posteriormente la cooperación de Districte 11 se hizo presente en la guerra de Kosovo y se inició un proyecto de hermanamiento con Gaza, el alcalde Joan Clos, más preocupado en los fuegos artificiales y efímeros del Fórum de las Culturas, despreció este talante y estas sinergias, sin darle la continuidad que esperaba.

El acto del sábado de lectura de los nombres de los muertos en Srebrenica, más allá de la emotividad de ver leyendo a Maragall o de escuchar el testimonio de reconciliación la joven bosnia, Amina Pasic, de 21 años, nacida en Srebrenica, que sobrevivió la matanza en la que murieró buena parte de su familia, fue motivo de encuentro no sólo de muchos de los que participamos en las campañas de solidaridad con Bosnia, sino también de políticos de CiU, PSC, ERC, ICV y la CUP, y de la alcaldesa Ada Colau, que subieron al escenario a leer el nombre de algunas víctimas. Y en las conversaciones muchos de los que participaron aquellos proyectos de hace quince o veinte años en los Balcanes salía la necesidad de recuperar ese espíritu y esa manera de trabajar en el complejo mundo actual que sigue sufriendo conflictos, el más cercano es el de Siria, que ha generado cuatro millones de refugiado y desplazados.

Los ayuntamientos y las oenegés no les corresponde ni la diplomacia ni el ejercicio de la fuerza militar contra monstruos como es ahora el Estado Islámico, y las barbaridades del régimen de Al Asad. Pero hay campos de refugiados en Turquía, Jordania o Líbano que esperan la ayuda y el apadrinamiento real de alguien. Quizás sería una forma concreta de recuperar aquel espíritu, esa confluencia de sinergias de la que Barcelona y Cataluña dio ejemplo en Bosnia. Si Barcelona, Sabadell, Cornellà, L'Hospitalet fueron capaces de declarar simbólicamente distrito suyo un barrio o unas calles de Bosnia, ahora sería hora de ser solidario con víctimas del Próximo Oriente. Hay millones de refugiados que esperan.

Post publicado en el blog de Xavier Rius