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OPINIÓN

Una dulce anestesia

Ernest Folch

Aunque parezca mentira, la campaña electoral del Barça luce a día de hoy un encefalograma casi plano. La que se preveía la madre de todas las batallas está resultando ser un descafeinado combate donde el púgil al que todos quieren batir sencillamente no se ha presentado al ring.

La primera semana de campaña quedó sepultada, con la debida ayuda de la famosa comisión gestora, por el fichaje de Arda Turan, un gran jugador pero adquirido a un precio y con unas prisas que confirman que su incorporación no tenía únicamente finalidades deportivas.

Y hoy vuelve Luis Enrique, que va a menguar el poco protagonismo que tenía la contienda electoral. Lo único destacado hasta la fecha no es ninguna propuesta de ningún candidato sino esta dulce anestesia en el ambiente: nadie diría que el Barça se juega en los próximos días algo tan trascendente como su destino en los próximos seis años. Se suceden los simulacros de debates, con la ausencia sistemática de Bartomeu, que ha logrado el milagro de que nadie sepa si es candidato o presidente, como cuando ayer anunció, no se sabe en calidad de qué, que el rival del Gamper será la Roma.

Sea como fuere, Bartomeu es en estos momentos la reencarnación del Lobo Carrasco matando el partido en el banderín de córner sin que sus rivales acierten a quitarle el balón. A la espera de alianzas cada día más improbables, el único momento destacado que se avecina es el que viviremos mañana por la noche en TV3: una campaña de 15 días ha quedado reducida a un debate de 90 minutos al todo o nada, es decir, al nada.

Mientras se espera infructuosamente que en el Barça ocurra algo, su eterno rival lucha justamente por lo contrario: para que dejen de sucederle cosas. La atonía azulgrana contrasta con las turbulencias madridistas. La situación del Real Madrid es tan inestable que ha logrado convertir el adiós a un mito como Casillas en un esperpéntico ajuste de cuentas. Porque en realidad no ha sido un desacuerdo entre una leyenda y su club sino una brutal continuación del veneno diabólico que Florentino inoculó en el vestuario a través de Mourinho y que sigue su programada devastación.

Sí, el 'mourinhismo' sigue vigente sin Mourinho, como una muestra más de la descomposición que amenaza al Madrid, sin un proyecto inteligible, con heridas abiertas en jugadores clave como Cristiano o Sergio Ramos y con un presidente que tiene cada vez más poder pero menos credibilidad. Es curioso que en un verano donde el Barça debía entrar en ebullición justamente por su proceso electoral y el Madrid debía recuperar la calma a lomos de un nuevo proyecto, estamos justamente en el escenario opuesto.

Mientras el Madrid tiene síntomas de grave ansiedad, el Barça se parapeta en el triplete y mira casi aletargado sus propias elecciones. Pero atención porque no hay que confundir la armonía con una dulce y peligrosa anestesia.

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