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Varoufakis y las jodidas camisetas

Iosu de la Torre

Varoufakis salió en camiseta para celebrar en televisión el no de los griegos. Hubo quien se fijó más en la indumentaria del ya exministro que en la contundencia del discurso. La web del diario La Reppublica se incendió porque destacaron la camiseta en el titular. La vehemencia de los romanos, ya se sabe.

Qué mejor que el traje ceñido del encorbatado Guindos repartiendo nuevas con el no menos pomposo Montoro, fieles protectores de la sobria Sáenz de Santamaría, ahora que todo huele a elecciones y toca rebajas tributarias que más adelante pagaremos todos.

Una americana y unos pantalones chinos fue el uniforme idóneo para estirar las piernas en el rancho de Bush, tras soltar el botón estrangulador de la camisa que liberó la risa de hiena. La chaqueta de pana hizo presidente al monje Isidoro, ese González que hoy luce guayabera antes de embarcar en yate caribeño. Fidel Castro era el revolucionario verde oliva que se camufla con chándales de Adidas, mientras su hermano Raúl se trajea para pactar con Obama la apertura de embajadas. Las camisetas con el rostro del Che Guevara conservan el valor del mensaje a pesar del falso diseño italiano que trató de domesticar estampando corbatas dutty free.

La camiseta sin eslogan de Varoufakis es llamativa como las grafiteras de David Fernàndez. Las prendas del cupaire han puesto de los nervios a los expendedores de carnets de buena conducta, esos mismos que reclaman un cambio de modisto para la alcaldesa Colau.

Jodidas camisetas. Han coloreado las calles estos años de crisis: antidesahucios, en defensa de la sanidad y la enseñanza públicas, contra los recortes, por la independencia, por la justicia social...

Bermudas en el Parlament

Resígnense los que se burlan de las camisetas. Los tiempos han cambiado con el desaliño indumentario. La coleta de Pablo Iglesias, la camiseta reivindicativa o la camisa de cuadros acaban de ser superadas ante la imagen del portavoz de la PAH en bermudas dirigiéndose al Parlament de Catalunya.

Ahora ya solo falta derrotar a los porteros de discoteca. Viva la bamba.

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