Análisis

¿Cosa del cambio climático? En parte, sí

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El pasado viernes, 26 de junio, los termómetros empezaron a subir gradualmente. El calor era intenso, pero aún no había traspasado muros y paredes de las viviendas. Ayer, 11 días después, la ola de calor llegaba al cenit. Hoy, cuando lea este artículo, si los pronósticos no han fallado, la ola, como tal, habrá acabado, pero no el calor de verano.

Los termómetros oficiales se dispararon a partir del domingo. Banyoles, con 43 grados de máxima batió su récord en 100 años. Los compañeros de guardia en TV-3 y Catalunya Ràdio no se lo podían creer. Aunque la entrada cálida en altura era fuerte, no la suficiente para disparar así el termómetro. La explicación, como casi siempre, había que buscarla en vientos locales. Fueron las comarcas de Girona y del norte de Barcelona las que batieron récords, pero no el resto de Catalunya.

El lunes, el termómetro pinchó unas décimas en algunos puntos. Sin embargo, los 40,4 registrados en Olot fueron récord desde 1998. Ayer, el termómetro se desbocó y gran parte del interior se situó por encima de los... ¡40 grados! La extensión territorial fue mayor que ningún día y menudearon registros de 41 y 42. En Lleida ciudad se batió el récord con 42,9. La máxima anterior, con datos desde hace 75 años, era de 42,8, también el 7 de julio de 1982. Aunque pueda parecer mentira, en estos 75 años en Lleida, solo se han superado 14 veces los 40 grados. En el Pirineo, los valores fueron muy altos, en Bagà (Berguedà) se alcanzaron los 40 grados, mientras que Vielha tuvo 36, y un grado más en Das, El Pont de Suert y Sort.

Si el domingo fueron 74 observatorios con valores superiores a 40 grados, ayer fueron 103. Son datos de Meteocat y de observatorios fiables de aficionados y, por tanto, nada que ver tienen con valores, generalmente erróneos, de anuncios electrónicos o termómetros poco fiables.

La burbuja cálida, que castigaba París el día 2 con 40 grados -la segunda marca desde 1873- o ayer Ginebra con su récord desde el siglo XIX, ha sido muy potente, pero en muchos casos inferior a los cinco meses de infierno del verano de 2003 con miles de víctimas en varios países. Aparte del 2003, nos deberíamos remontar a olas de calor épicas en 1994 y 1982.

Yo soy de la opinión de que, antiguamente, teníamos más aguante. Ahora tenemos la piel más fina. En verano, ante una ola de calor, gran parte de la actividad se detenía o disminuía. Ahora, cuando salimos de una vivienda con aire acondicionado, del trabajo o de nuestro coche climatizado, experimentamos una bofetada horrorosa. Pero los valores de estos tres días son de Champions y la pregunta es obligada: ¿detrás de la ola de calor está el cambio climático? La respuesta es: en parte, sí.

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El clima del planeta ha cambiado siempre de forma natural, sin nuestra intervención, y siempre ha mostrado extremos. El Mediterráneo es, de forma intrínseca, extremo, sobre todo en las precipitaciones. Ahora, desde hace décadas, la acción humana, quemando combustibles fósiles, está acentuando los cambios naturales y los hace más radicales.

Las olas de calor serán más frecuentes y potentes, como otros fenómenos meteorológicos. Elegir energías renovables, practicar el reciclaje, usar el transporte público, conducir un vehículo de bajas emisiones, o eléctrico, elegir compañías energéticas verdes, consumir productos de proximidad, hacer un uso racional de la energía... Son actitudes personales, del granito de arena que podemos aportar. Los economistas más prestigiosos dicen que el futuro pasa por la economía verde.

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