09 abr 2020

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La clave

Listas y votos

Joan Manuel Perdigó

El domingo tuvimos la oportunidad de constatar qué es un resultado rotundo: el 61,31% de los votantes griegos dijeron 'no' en el referéndum convocado por Tsipras sobre las condiciones de la troika para mantener la ayuda a su país. Con el 50% más uno de los sufragios habría bastado para que el Gobierno de Syriza se sintiera respaldado, pero el resultado ha sido inapelable. Nadie ha podido buscar lecturas alternativas sobre la voluntad de los griegos.

Mientras, aquí en casa, vivimos mareados hasta la extenuación por el debate sobre las formas de maximizar la expresión del voto independentista en las elecciones del 27-S. ¿Lista única? ¿Tres listas? ¿Lista con políticos? ¿Lista sin políticos? Como si la fórmula, cual santo grial, tuviera la virtud de convertir la noche electoral en un clamor por la independencia que toda Europa pudiera oír de forma inequívoca. Lo ha dicho Muriel Casals: se trata de lograr un resultado que permita «apretar el botón de la desconexión» (de España). Visto el objetivo, ¿falta solo un último esfuerzo? Con perdón, pero los datos, tozudos, parece que no indican eso.

Unos números

Tenemos pocos referentes, encuestas al margen, aunque son indicativos. En el 2012, CiU, ERC y CUP lograron 1,7 millones de votos, (el 48,7%) con una participación que rozó el 70%. El 9-N, con dificultades mil, pero con un censo mayor, 1,8 millones votaron sí-sí. ¿Cuánto es un mensaje contundente si hablamos de ponerlo todo patas arriba, no solo de ganar unas elecciones? No hay que ser muy exigente como para pensar que todo lo que quede por debajo del 55% será considerado solo un problema doméstico. ¿Y para pasar de ahí, qué se necesita? Pues con una participación del 70%, entre 2 y 2,2 millones de votos. Más si sube la participación. O sea, tendríamos que buscar (si prescindimos de los que se irían con Unió) entre 300.000 y 400.000 votos. Algo así como añadir toda una ICV o casi toda una ERC. Eso sería lo mínimo para intentar iniciar la «desconexión». Eso y ganas de verdad de vérselas con el Estado, claro. Ardua tarea para que la magia de la lista logre tal éxito a 80 días vista. Otra cosa es tratar de ganar las autonómicas, ¿Pero no estamos hablando de esas minucias, verdad?