¿Referéndum o acuerdo?

Que Alemania bendiga un pacto in extremis depende de que la UE no ceda mucho en la reestructuración de la deuda de Grecia

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La crisis griega ha enriquecido nuestro vocabulario. Primero se popularizó el término Grexit, y ahora le ha llegado el turno al Greferendum. Ante la fecha límite del 30 de junio, el Gobierno griego decidió mandar a casa la pelota de sus negociaciones con el Eurogrupo. Prometió convocar un referéndum el próximo domingo para que los ciudadanos griegos se pronuncien sobre la última propuesta del Eurogrupo. Pero ante el riesgo de Grexit, el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, remitió ayer una propuesta de acuerdo para extender el rescate actual a cambio de que Tsipras retirara la convocatoria de referéndum o hiciera campaña por el . Anoche, tras la negativa del Eurogrupo a una última propuesta formulada por Tsipras, se planteaban dos escenarios principales: Greferendum GreferendumaGreecement (acuerdo).

Es sabido que los referéndums los carga el diablo, y el del 5 de julio aún más. Tras largas e infructuosas negociaciones, Tsipras entendió que debía recibir el mandato directo de sus ciudadanos para validar unas demandas contrarias a aspectos fundamentales de su programa electoral. Al mismo tiempo, la escenificación de Varoufakis (se levantó de la mesa de negociaciones el pasado sábado en el Eurogrupo) y su petición de extensión del programa de rescate hasta la fecha del referéndum fueron percibidas por parte de las autoridades europeas como un chantaje. Poco tardó Juncker en expresar su deseo de que los griegos voten  el día 5, ligando la permanencia de Grecia en el euro al resultado afirmativo en el referéndum. Por su parte, Tsipras anunció que su partido haría campaña por el no, con la esperanza de que un nuevo mandato popular refuerce las bazas negociadoras de Grecia.

Resultado interpretable

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De celebrarse el Greferendum, cabe preguntarse si el domingo los ciudadanos griegos estarán realmente pronunciándose sobre el contenido de las negociaciones. La redacción de la pregunta supone un desafío a las reglas básicas de un referéndum: pregunta simple y resultado claramente interpretable. Más que un análisis pormenorizado de las bondades de cada una de las opciones, los partidarios del no estarán esgrimiendo un hartazgo hacia Bruselas y el rechazo a las políticas de austeridad, el apoyo a sus autoridades nacionales o el deseo de una mejor Europa. Los del  raramente estarán dando el visto bueno a la agenda austeritaria, sino que querrán evitar el Grexit e incluso la salida de Grecia del conjunto de la Unión Europea.

En caso de acuerdo de última hora, el Gobierno de Tsipras podría verse en dificultades para venderlo en casa. La extensión del rescate llevaría aparejados altos niveles de condicionalidad, con lo que la oposición interna y el enfado de los manifestantes de la plaza de Syntagma aumentarían (más aún si se desconvoca el referéndum). Que Alemania dé su visto bueno depende también de que no se haya cedido demasiado en la reestructuración de la deuda griega o la independencia del BCE. Probablemente se trate de un aGreecement con pies de barro, capaz de tambalearse ante la próxima fecha límite .