02 abr 2020

Ir a contenido

ANÁLISIS

Por qué el Barça es algo más que un club

Lucía Caram

Dicen que los argentinos llevamos en el ADN la pasión futbolera, y si además somos del Barça, y encima tenemos a Leo, la pasión y la euforia se convierten en algo superlativo. Si a eso sumamos los logros, las copas, la belleza de un juego en equipo, los valores transmitidos en La Masia, la capacidad de hacer fiesta y de celebrar, y la profunda inquietud de los aficionados, especialmente de las peñas, por el mundo de la solidaridad y la justicia social, tenemos todos los ingredientes para demostrar eso de que somos algo más que un club.

Quiero poner en valor ese algo más, que no solo se da en el campo de juego -aunque también- y que son las personas, el gran capital humano y la gran capacidad de aprovechar los pocos o muchos recursos de los que se disponga para movilizarse y movilizar pueblos y ciudades por causas nobles, justas y solidarias. Hablo hoy del mundo del barcelonismo y de las peñas a las que conozco desde hace más de dos años y con quienes comparto la iniciativa y la lucha contra la pobreza infantil.

Conocida mi afición por el Barça y el trabajo que comparto con muchas personas y entidades a favor de los más empobrecidos de nuestro país, la directiva del FC Barcelona y su presidente, Josep Maria Bartomeu, los dirigentes del área social del club junto y los responsables de las peñas decidieron en agosto del 2014, durante el Congreso Mundial de Peñas, darme un premio que quise compartir con todos los hombres y mujeres que luchan por la justicia y la paz y se dejan la piel para implantarla. Pero creo que los premios sirven para muy poco si se quedan en un reconocimiento a méritos personales, por eso pedí unos minutos para implicar y para explicar en profundidad «eso que me reconocían» y que es un reto de todos, y para implicar a aquellos que me obsequiaban con una placa y un ramo de flores. Si se queda en eso, puede subir el ego, pero no soluciona los graves problemas de la humanidad y aquello que en realidad hiere mi corazón de mujer inquieta y enamorada de la causa de la humanidad.

En tres minutos y ante un auditorio entregado y sensible, lancé la propuesta de ponernos la camiseta de los empobrecidos, de los niños que son los que más sufren en nuestro país a causa de la maldita crisis que los ha llevado a la humillación y a la falta de oportunidades. Hablé de La Masia en la que se forman en valores y en espíritu deportivo los mejores futbolistas del mundo, hombres con grandes ideales humanos, y les recordé «la gran masía», los casi tres millones de niños que en España no tienen oportunidades para vivir con dignidad. Y pedí al presidente Bartomeu y a las peñas barcelonistas del mundo allí representadas un compromiso para luchar juntos contra la pobreza infantil en nuestro país.

Les pedí que se sumaran a la campaña que con el programa CaixaProinfancia de la Obra Social La Caixa estamos llevando adelante en todo el territorio español y en Catalunya. Y en aquella mañana calurosa de agosto, les planteé un reto: «El Barça, de la mano de las peñas, de esos aficionados, gente sencilla y comprometida, junto a la Fundació y a la directiva, tienen un gran poder de convocatoria para despertar conciencias, para implicar a los ciudadanos, para movilizarnos, para aportar la gran dosis de humanidad que hoy necesita nuestra sociedad y para conseguir recursos que hagan que los niños que sufren y se ven privados de oportunidades puedan crecer y dar lo mejor de sí a nuestro mundo».

El presidente Bartomeu me cogió la palabra. Las peñas también, y desde entonces comenzó un movimiento imparable. Unos a otros se lo explican, no hay peña que no organice un evento o que no presente una iniciativa para sumarse a Todos contra la pobreza infantil. Esta es nuestra gran causa, esta es y tiene que ser la causa del Barça. Las tres copas de esta temporada tienen pendiente la otra gran copa, la del triunfo en el partido contra la pobreza y la exclusión social que humilla a tantos niños y familias en nuestro país.

Apuesto por la continuidad de ese proyecto. Tenemos que devolver la sonrisa a esos casi tres millones de niños de nuestro país; podemos seguir trabajando, no podemos mirar para otro lado. El club necesita estabilidad y paz social. Necesita saber que no es solo el primer equipo el que hace que el Barça sea lo que es, sino también las peñas, los socios, la Fundació, las iniciativas sociales, el compromiso con el país.

Apuesto por continuar potenciando el trabajo con las bases, para que todos seamos embajadores de los valores que se tiñen de azulgrana cuando los viven barcelonistas comprometidos. Quisiera un Barça que renueve el Compromís Barça Segle XXI de las peñas firmado por el presidente Rosell y ratificado por Bartomeu; un compromiso que apuesta por la promoción de los valores que cohesionan al club y que permiten que el clam de un Barça ético, comprometido, ajeno a la frivolidad y fundamentado en los valores de la persona anime la nueva etapa que empezará el 19 de julio.

Decir #TodosContraLaPobrezaInfantil, nos obliga a ir más allá de las fronteras barcelonistas y apostar porque esta sea la causa de todos los hombres y mujeres de nuestro país, de todos los colores, clubs, ideología, razas o religiones. Hoy no podemos ir solos, tenemos tres millones de batallas que ganar, y todos somos necesarios. ¿Nos ayudáis a seguir sumando?