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Análisis

27-S: ¿elecciones o plebiscito?

Àngels Pont

Las próximas elecciones catalanas del 27-S darán, sean cuales sean las candidaturas que se acaben presentando, una composición inédita del Parlament de Catalunya. De las siete fuerzas políticas actuales, se podría pasar a ocho o nueve. Convergència o la llista del (o con el) president salen con ventaja, pero la aparición de una candidatura unitaria de partidos de izquierda de características similares a la de Barcelona en Comú aportaría rivalidad en la campaña. De hecho, una Catalunya en Comú podría estar en condiciones de discutirle la primera posición en la llista del president.

Las hipótesis solo son hipótesis, pero sí que nos permiten prever comportamientos en el caso de que estas se hagan realidad. La primera realidad es que UDC se presentará en solitario a las elecciones en una lista diferente a la del president Mas o a la de Convergència. Las primeras estimaciones nos permiten concluir que UDC tendría asegurada su presencia en el Parlament gracias a los votos que se llevaría de la coalición CiU, pero también a los que le cederían el PP, Ciutadans y el PSC. A la vez, CDC podría atraer votantes que, cuando se presentaba en coalición con UDC, se inclinaban por ERC. Es decir, los efectos de la división de CiU no solo recaen en los dos partidos de la federación. De hecho, perjudican a ERC por un lado y a Ciutadans, el PP y el PSC por el otro. En este escenario los partidos independentistas sumarían entre el 46% y el 47% de los votos y no tendrían asegurada la mayoría absoluta de escaños, ya que obtendrían entre 66 y 69.

Por otra parte, una hipotética coalición de izquierdas parecida a la que se dio en las elecciones municipales en la ciudad de Barcelona podría entusiasmar a bastante gente. Cuando se presenta esta posibilidad, se dibuja un escenario de máxima igualdad entre esta candidatura de confluencia y la llista del president, ya que la unión entre las diversas formaciones de la izquierda alternativa recogería más apoyos que todas ellas por separado.

Cierto es que la llista del president aún está por definir, y aún más la de Catalunya en Comú, pero la hipótesis de que se pueda llegar a formar moviliza a ciudadanos a su favor. La alianza de izquierdas recogería votos de todo el arco parlamentario (excepto del PP), pero muy especialmente del PSC y de la abstención. De hecho, los datos de fidelidad y de cambios de voto recuerdan mucho a las previas a las municipales en la ciudad de Barcelona. En esta hipótesis, las fuerzas independentistas sumarían entre el 43% y el 44% y se situarían ligeramente por debajo de la mayoría absoluta de los escaños.

En manos ajenas

Así pues, el éxito de Artur Mas está más en manos de las otras formaciones que en las propias. Las preferencias para el president y su valoración son muy estables. Su liderazgo genera división de opiniones: es muy aplaudido por unos, pero muy cuestionado por otros. Y, aunque mejora ligeramente la percepción de la gestión de su Govern y de la situación económica y social del país, no lo hace tanto su popularidad.

En cualquier caso, sean cuales sean las fórmulas finales, un aumento de la dispersión y la fragmentación está asegurado.

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