1
Se lee en minutos

Lo ha vuelto a hacer. El president Artur Mas ha puesto nuevas condiciones para concurrir a las elecciones «plebiscitarias» del 27 de septiembre. Lejos de respetar sus acuerdos de enero con Oriol Junqueras ante los notarios de la Assemblea, Òmnium y la asociación de municipios independentistas (AMI), Mas se rodeó el sábado de cargos y militantes de Convergència -no tuvieron cabida los de Unió, secuestrados en un tenso consejo extraordinario que evidenciaba la fractura interna- para lanzar su nuevo guion, que requiere manual de instrucciones.

Noticias relacionadas

La derrota de Xavier Trias en Barcelona y las proclamas de «sí se puede» en la plaza de Sant Jaume durante la elección de Ada Colau como alcaldesa han provocado pánico en el entorno presidencialMas juega con fuego al situar al mundo de Colau como enemigo del proceso soberanista, una operación que pretende movilizar a su electorado pero que dilapida las últimas aproximaciones entre la alcaldesa y las entidades soberanistas para ampliar el perímetro del independentismo.

Ahora la pelota está en el tejado de la ANC y Òmnium, que pueden acabar rompiéndose internamente porque entre sus socios hay votantes de CiU, ERC, CUP e incluso de ICV. Mas da la impresión de tener miedo, de no creerse que puede ganar el 27-S, y opta, egoístamente, por tensar la cuerda con las entidades que presiden Jordi Sànchez y Muriel Casals. Es un chantaje que si no recibe respuesta afirmativa tendrá consecuencias imprevisibles, una de ellas la de no convocar las esperadas elecciones. Resulta paradójico que horas después de acumular un gran crédito entre el público soberanista por su ruptura con la Unió antiproceso, el president lance una operación tan confusa. Benvinguts al caos.