Al contrataque

60 millones

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Sesenta millones como ella. La cifra más alta de la historia. Un dato vergonzante. Sesenta millones de seres humanos con el mismo miedo en la mirada. Sesenta millones de hombres, mujeres y bebés como ella, que en solo unos meses de existencia lleva varias vidas a sus espaldas. Esta semana, el ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) ha presentado su informe anual y los datos que ha ofrecido deberían hacer temblar no solo a cualquier ciudadano sino, y sobre todo, a los medios de comunicación de todo el mundo y a los dirigentes que toman las decisiones en cada uno de los países.

Vamos primero con algunos de esos datos: «Actualmente, uno de cada 122 humanos en la Tierra ha sido obligado a abandonar su hogar. La escalada comenzó en el 2011 con el inicio de la guerra en Siria, el país que más desplazados forzados ha creado: 3,8 millones de refugiados y 7,6 millones de desplazados internos». ¿Qué dicen y hacen mientras tanto los mandatarios europeos? Que no pueden acoger a otros seres humanos porque bastante tienen con la situación económica que ha provocado la crisis en los suyos. Y frente a este argumento, otros países están obligados a cumplir con el ya conocido llévatelos a tu casa.

Eso dice el segundo dato importante del informe del ACNUR, sobre los países que más refugiados acogen: «Casi nueve de cada diez refugiados (86%) sobreviven en regiones y países en desarrollo, y un cuarto de ellos viven en estados incluidos en la lista de países menos desarrollados de las Naciones Unidas. Por orden, los países que más refugiados acogen son: Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Etiopía, Jordania, Kenia, Chad, Uganda y China». Cada vez más refugiados, concentrados en países con poca capacidad de acción, y cada vez menos recursos.

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La imagen de los datos

Hace unos días la agencia France Presse distribuyó una imagen que ponía rostro a todos estos datos. En ella se podía ver a una pequeña de meses, de nacionalidad afgana, en brazos de un hombre. La niña, con rostro muy serio pero sin lágrimas, llevaba uno de sus pequeños pies descalzo mientras el otro seguía cubierto por un calcetín rosa. El hombre, que podría ser su padre o cualquier otro familiar, llevaba un chaleco salvavidas de color azul. El encuadre del fotógrafo Soeren Bidstrup permitía ver que ambos están junto a una barca de goma negra en algo parecido a la orilla de una playa de rocas de la isla griega de Lesbos. El padre y la hija no habían llegado solos. Otros hombres y mujeres desembarcaban tras ellos con más niños en sus brazos. Niños que deberían ser como el tuyo o el mío. Niños de la Europa del siglo XXI.