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El desafío atómico

Resurge la amenaza nuclear

Georgina Higueras

El avance de la tecnología militar china trastoca el statu quo armamentista y genera incertidumbres

El aumento de la tensión entre Washington y Pekín en el mar del Sur de China ha coincidido con el informe anual del Pentágono sobre las capacidades militares del gigante asiático, en el que se destaca la modernización del arsenal nuclear de ese país. El texto sostiene que en respuesta «a los continuos avances de EEUU en ataques de precisión y en defensa antimisiles», el presidente Xi Jinping ha dotado a los misiles balísticos intercontinentales de tecnología MIRV, que les permite transportar varias ojivas nucleares.

Pekín logró a finales del siglo pasado miniaturizar y potenciar una bomba atómica al hacerla de hidrógeno, algo imprescindible para que un cohete pueda soportar el peso de tres o más cabezas. Pero solo ahora lo ha llevado a la práctica con la actualización de la mitad -posee unos 40- de los misiles intercontinentales DF-5, capaces de alcanzar cualquier punto del territorio estadounidense con excepción de Florida.

Los halcones norteamericanos están presionando a Obama para que amplíe el escudo antimisiles que Bush comenzó a desplegar en California y Alaska en el 2004 para impedir un eventual ataque de Corea del Norte. Obama ya ordenó reforzarlo tras la última prueba nuclear de ese impredecible régimen, en febrero del 2013. Los militares chinos, sin embargo, consideran que el escudo también está dirigido contra Pekín.

Tokio y Seúl, cada día más incómodos con las veleidades atómicas de Kim Jong-un, ven con recelo la modernización del arsenal chino. En mayo, Pionyang anunció que también tenía la capacidad de miniaturizar explosivos nucleares. «Podemos garantizar la exactitud no solo de corto y medio alcance, sino también los lanzamientos de cohetes de largo alcance», señaló la agencia oficial de noticias norcoreana.

Japón y Corea del Sur, junto con Australia, son los grandes aliados de EEUU en el Pacífico y están protegidos por su paraguas nuclear, pero la creciente presencia militar china en los mares de su entorno, sus reivindicaciones soberanistas sobre centenares de islotes y peñascos en disputa y el temor a un ataque norcoreano llevan a los sectores más nacionalistas de esos países a plantear dotarse de armas nucleares propias.

Muchos expertos sostienen que en el Sureste Asiático se ha desatado una carrera armamentista no declarada, en la que la amenaza nuclear juega un papel crucial. Sin embargo, Jeffrey Lewis, director de Asia del Este en el Centro de Estudios de No Proliferación James Martin, resta importancia a que China haya dotado  de MIRV a una veintena de sus DF-5. Dice que es un movimiento «más tecnológico que estratégico» y que hace tiempo que el Pentágono esperaba que Pekín actualizase su arsenal. Lewis afirma que las otras cuatro grandes potencias nucleares -EEUU, Rusia, Francia y el Reino Unido- tienen múltiples ojivas nucleares incluso en los misiles de los submarinos.

La amenaza nuclear cobra también relevancia en Oriente Próximo, donde los aliados saudís y egipcios de EEUU están preocupados por el acuerdo que ultiman Teherán y Washington en plena efervescencia de la lucha entre sunís y chiís. El malestar por el arsenal israelí -unas 100 cabezas nucleares- y por la capacidad tecnológica iraní crece cuando se hace evidente que EEUU comienza a plegar velas en la región e Israel se erige en su gendarme. La consecuencia más clara es el estrecho acercamiento de Arabia Saudí a Pakistán, país dotado de armas nucleares y con enormes necesidades económicas.

La conferencia quinquenal para revisar el Tratado de No Proliferación (TNP) terminó en mayo con un estrepitoso fracaso tras cuatro semanas de reuniones. EEUU, el Reino Unido y Canadá bloquearon la propuesta egipcia de organizar un foro en Oriente Próximo para eliminar las armas atómicas. El foro habría obligado a Tel-Aviv a confirmar la existencia de su arsenal nuclear, algo que siempre ha rechazado para exigir con mayor contundencia a los demás países de Oriente Próximo que no se doten de esas bombas.

Tanto en Israel como en Riad y El Cairo no sentó nada bien la venta de misiles rusos S-300 a Teherán ni la aproximación de Irán a Rusia y China. La Organización de Cooperación de Shanghái, el único grupo internacional de carácter militar al que pertenece China, tiene previsto aceptar a Irán en el 2016.

El 26 de mayo apareció la última edición del libro blanco de la defensa china -se publica desde 1998-, que destaca que Pekín adoptará a partir de ahora una «defensa activa», con un reforzamiento de sus fuerzas navales para que patrullen tanto por sus aguas litorales como en aguas profundas, de manera que vigilen los intereses de China. Hace hincapié en el cambio de estrategia defensiva desde la terrestre tradicional a la naval y considera la fuerza nuclear uno de los «cuatro dominios de seguridad críticos».

Temas: China

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