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Me decía un compañero que Ada Colau, todavía sin sentarse en la silla de alcaldesa, ya parece desgastada como sí llevara un año de legislatura. Quizás lo cree por la lupa que sobrevuela su actividad y las expectativas que ha generado. Quienes la votaron divisan un futuro nuevo y lleno de oportunidades mientras que los contrarios observan intranquilos la evolución de los acontecimientos. Una cosa está clara, las expectativas generadas son proporcionales al grado de decepción que puedes provocar. Los contrarios sólo pueden verse sorprendidos gratamente. Es la teoría de las películas, cuanto más buena te dicen que es, más decepcionado sales del cine.

El gran problema de Ada Colau, y sobre todo de su fuerza, es hacer frente a cuatro años de gobernabilidad con 11 concejales. Días después del 24 de mayo empezaba a expresar su compromiso con el derecho a decidir para atraer la atención de ERC y CUP. A pesar de que esta etapa ya quedó atrás, caducó el 9 de noviembre del 2014, Colau y su equipo saben que no pueden ir más allá del compromiso abstracto de votar. El número cuatro de la lista, Jaume Asens, afirmaba en un debate organizado por la ANC que su fuerza no se puede considerar ni independentista, ni federalista ni autonomista porque es un proyecto municipal. Además, la coalición es resultado de la confluencia de sensibilidades. Declaraciones que encajan perfectamente con el espíritu fundacional de este partido resultado de la suma de ICV-EUiA, Podemos, Equo, Procés Constituent y Guanyem pero que son muy cortas cuando el municipio que gobiernas es la capital de Catalunya.

La estrategia de ERC y la CUP

Las dos fuerzas consideran imprescindible el aspecto social de sus programas, y coinciden en algunos puntos de Barcelona en Comú. Aun así, a tres meses de las elecciones catalanas, el eje nacional y un posicionamiento claro es algo trascendental. La CUP descarta formar parte de un gobierno que cuenta con un partido, ICV-EUiA, que ha edificado el modelo de ciudad que ahora su propia coalición critica. Prefiere seguir con su “lucha de hormiga” antes que formar parte del poder y ser el cooperador necesario de una línea de actuación que no los representa. Además, conciben la lucha social como una lucha nacional. 'Independencia para cambiarlo todo'.

ERC, por su parte, a pesar de que el sector socialista que ha incorporado del PSC hace un llamamiento a pactar con Colau, la dirección ha estipulado una postura muy clara: si queréis pactar, adheríos a la hoja de ruta y haced de Barcelona un municipio que forma parte del AMI. Hay mucho en juego a corto plazo.

La pinza

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Barcelona en Comú se encuentra en una situación incómoda, la victoria es demasiado justa, el programa muy exigente y las declaraciones de antes y durante la campaña están guardadas a la hemeroteca. Se ve ahogada por un discurso social que no se mojaba en el ámbito nacional y que ha funcionado durante la campaña electoral para ganar votos, pero que a la hora de gobernar los puede estrangular. Cada día será una negociación, una batalla edificio a edificio. La pinza de la izquierda catalana coincide en que ahora hace falta un posicionamiento nacional claro, como lo ha hecho el PSC con su ‘no’ a la independencia. Consideran que los catalanes ya tienen derecho a decidir su futuro y así lo harán el 27 de septiembre, ahora hace falta saber si están por el ‘sí’ o el ‘no’.

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