27 sep 2020

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Liturgia de hoy

Sílvia Cóppulo

Mirará los montones de papeletas ordenadas en paralelo encima de la mesa. Con el rabillo del ojo observará si hay alguien de la mesa que esté atento a la que escoge. Toma una. Quizás la tiene decidida desde hace tiempo. Está claro que un pronto desconocido le puede hacer elegir otra. Hay montañas de papeletas que parecen nuevas, como si nadie las tocara. Ahora las compara todas antes de dar unos pasos, la mesa, dos personas detrás para confirmar que es quien dice que es, una mirada directa, tachar a mano un nombre de una larga lista y un gesto solemne para meter el sobre en la urna y decir pausadamente con voz ligeramente levantada: "Vota". Después, una sensación extraña, entre el vacío de lo que ya está hecho y la satisfacción de tener que asumir un deber, que es también un derecho. Y la duda de si ha votado al mejor o la seguridad de votar a los suyos. Y un pensamiento que tiene en mente hace días: esta vez, ¿qué habremos votado entre todos?

Cada voto lo es de confianza. En alguna persona con quien nos identificamos para que sea el alcalde. Nos gusta lo que dice, pero sobre todo quién nos parece que es. Una persona sólida o quizás una persona nueva. A los candidatos, después de la campaña no les conocemos bastante, pero sabemos más de ellos. 

Ha organizado el día perfectamente. Todo pautado. Un seguimiento moderado durante la mañana, algún dato más por la tarde y, por la noche, el resultado. Felizmente, la liturgia se repite. De aquí pocos días, en Catalunya, muchos alcaldes que no sabían, aprenderán a dialogar. Y en España, habrá cambios en trece comunidades. Hoy vivimos la antesala de un tiempo nuevo, que se empezará a escribir a partir de las 9 de la mañana, cuando miles de colegios, en un domingo de mayo, abran las puertas de par en par.