14 ago 2020

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Invertir en un AVE insostenible o en Cercanías

Carles Campuzano

El enésimo desastre del sistema de Cercanías vuelve a poner en evidencia el abandono de la inversión pública del Estado en un servicio esencial para la vida cotidiana de centenares de miles de catalanes y que a la vez es fundamental para el buen funcionamiento de la economía del país. Una vergüenza, sin duda.

Todo ello es aún más grave en la medida que contrasta con la opción política del Gobierno de mantener, contra toda lógica económica tal y como el Tribunal de Cuentas acaba de afirmar, la prioridad en las inversiones a favor de la Alta Velocidad.

Echamos un vistazo a los datos:

- Inversiones del Estado 2012-2015 en AVE 13.000 M €. Usuarios AVE 2014 29 millones pasajeros.

- Inversiones del Estado en Cercanías 385 M € (menos de un tercio en Catalunya). Usuarios Cercanías Barcelona en el 2014 105 millones de pasajeros.

- Transferencias a la ATM 2014 95 M €. Usuarios ATM en 2014 915 millones de pasajeros.

Un auténtico desequilibrio escandaloso. Se habrá invertido en AVE un presupuesto 37 veces mayor que en Cercanías, teniendo en cuenta que en 2014 hubo 29 millones de usuarios de AVE (según el Ministerio de Fomento) y sólo en Cercanías de Barcelona, 105 millones de usuarios.

Además, hay que decir que el Estado en el 2012 redujo en un 44% la transferencia a la ATM (de 134 M € a solo 93 M €); sin duda unos recursos que resultan fundamentales para no incrementar las tarifas en 915 millones de usuarios que tuvo el sistema integrado de transportes público de la ATM 2014.

¿Es casualidad? No, en absoluto. El Gobierno ha hecho una apuesta ideológica enorme, para intentar articular de una determinada manera el Estado.

Hace tiempo que los escritos de Pere Macias y de Germà Bel lo ponen de manifiesto y lo denuncian.

Cercanías es fundamental en la vida de la gente que vivimos en este trozo de país densamente poblado y que concentra el pulso económico de Catalunya.

Es fundamental para los estudiantes que se acercan a las universidades de Barcelona, para los trabajadores que van a trabajar, los autónomos que van a resolver asuntos para clientes y proveedores, para la gente que tiene que hacer gestiones ante las administraciones, para los empresarios que tienen negocios, para los turistas que se quieren moverse en transporte público, para los ciudadanos que disfrutan de su ocio... y es un servicio, en definitiva, de las clases medias y populares del país, las grandes perjudicadas durante estos últimos años.

Y un buen servicio de Cercanías tiene también una dimensión ambiental muy clara: es garantía de reducción de las emisiones de C02 y de la contaminación de Barcelona, anunciada por la Comisión Europea en varias ocasiones.

Ciertamente, el traspaso de Cercanías a la Generalitat del año 2010, durante el gobierno tripartito no ha funcionado. No por falta de voluntad de los Gobiernos catalanes, sino por la ausencia de las inversiones imprescindibles para un servicio intenso y denso como este que pedía a gritos, y desde hacía años, un notable esfuerzo de puesta al día desde todos los puntos de vista; el Gobierno de Madrid nunca ha llegado a concretar estas inversiones, a pesar de las promesas de sus Ministros. Aunque también es cierto que el margen real de maniobra que tiene la Generalitat en un servicio operado por Renfe es escaso... aunque más mano dura con Renfe seguro que es necesaria...

Estamos, en definitiva, ante una nueva prueba de lo que vamos repitiendo desde hace tiempo: El Estado español parece querer renunciar a ser nuestro Estado y ahí una muy buena razón para pedir un Estado propio y responsable ante sus ciudadanos.