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tú y yo somos tres

Ramon Gener interpretando a Wagner en Cadaqués (La 2).

Tristán, Isolda y Ramon Gener

Ferran Monegal

Gran pifia la mía, gran metedura de pata, por no haberles hablado todavía del salto de Ramon Gener a TVE. De aquel extraordinario Òpera en texans que nos hizo en Televisió de Catalunya ha pasado ahora, con todos los honores, al This is opera en La 2. Un programa que no solo mantiene toda la calidad, todo el encanto y toda la sugestiva profundidad, sino que la amplía con más ambición y medios, sin perder ni un milígramo de esa esencia a la que Gener nos tiene acostumbrados. Esta semana plantó un piano en la bahía de Cadaqués y comenzó a desgranar Tristán e Isolda. ¡Ahh! El infortunio personal de Wagner enamorado de Mathilda Wesendonck, plasmado en los cuerpos del noble bretón Tristán y la princesa irlandesa Isolda. En la ópera, ambos acaban muertos: Tristán, de una paliza, e Isolda, de amor, que tiene más mérito. Es lo que tenían los románticos:  «sturm und drang» y tragedia. En la vida real, Wagner comenzó apasionándose con Mathilda en Suiza, y escribiendo el primer acto; y acabó desdichado en los melancólicos canales de Venecia rematando el tercer acto a base de catástrofe. ¡Qué bien nos cuenta todo esto Gener con su piano a orillas del mar de Cadaqués! Y cómo ha iluminado mi ignorancia enseñándome la gran genialidad wagneriana, su gran aportación, llamada la suspensión armónica; o sea, la frase musical suspendida, detenida en el aire, colgada mágicamente, un golpe fantástico al concepto de armonía tradicional. El salto de Gener a La 2 es de una importancia colosal para despertar la sensibilidad de la audiencia de forma amplia. Su programa ha sido ya vendido a muchos países. Países que cuidan con especial dedicación a sus habitantes. Países que procuran matizar desde la tele el ensordecedor ruido que precisamente genera la tele habitualmente. Un ruido que machaca a generaciones de ciudadanos de forma aplastante.

PERVERSION MUSICAL .- Nos han enseñado también en La 2, en Documentos TV, que la música puede pervertirse si la manejan mentes canallas. En Guantánamo torturaban a los prisioneros sometiéndoles al bombardeo sistemático de estridentes y ensordecedoras sesiones. Ruido insoportable, días enteros, machacándoles. Quedaban psicológicamente destrozados. Hasta llegaron a usar ¡la canción de Barrio Sésamo!, del compositor Christopher Cerf. ¡Ahh! No hay límite para los miserables.

Temas: Música

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