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Editorial

Falta de solidaridad con Nepal

La acumulación de crisis en el mundo causa la llamada 'fatiga del donante', pero no se puede dejar a su suerte un país al que le falta casi todo

Para que una operación de ayuda humanitaria tras una catástrofe llegue a los damnificados se necesitan dos supuestos. Fondos suficientes y que lleguen a destino sin perderse por oscuros vericuetos. En Nepal hay riesgo de que no se dé ninguno de ellos. Se calcula que son necesarios al menos 5.600 millones de euros para ayuda de emergencia y de reconstrucción, mientras la corrupción y el mal gobierno lo sitúan en el puesto 126 de 157 países en la clasificación de Transparencia Internacional. La ONU pidió 373 millones de euros para paliar la asistencia más urgente y solo ha conseguido el 16%. Aunque hay excepciones, muchos gobiernos, entre ellos el de España y los autonómicos, están respondiendo con una cicatería indigna pero acorde con la falta de generosidad en todos los ámbitos humanitarios (los refugiados, por ejemplo). Las oenegés palian la ausencia de fondos. Una vez más la sociedad es mucho más solidaria que sus gobernantes, que en estos años de crisis justifican la falta de compromiso social en la necesidad de rebajar el déficit.

Es verdad que la acumulación de crisis en el mundo causa la llamada fatiga del donante, pero no se puede dejar a su suerte un país al que le falta casi todo. En esta fatiga del donante juega un papel destacado la falta de control sobre el destino de las donaciones, pero ello no debe ser obstáculo para la ayuda. Por el contrario, hay que exigir al Gobierno nepalí el control estricto de los fondos y la publicación de cómo se usan.

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