La rueda

El precio de la intimidad

Mark Zuckerberg, que es rico al explotar nuestra privacidad en Facebook, blinda ferozmente la suya

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Facebook, esa compañía tan simpática y tan guay, nos ha amenazado. Al parecer, no está demasiado conforme con una exigencia que le quieren imponer las autoridades europeas y que la obligaría, además de cumplir con las leyes genéricas de protección de datos de la UE, a respetar también las distintas leyes vigentes en cada uno de sus estados. Cree que esta propuesta es mala para su negocio, basado en la explotación de la privacidad, y por eso uno de sus dirigentes ha publicado recientemente en el Financial Times un artículo en el que amenaza con incrementar los costes y no actualizar sus servicios en Europa si finalmente se aplica esta regulación restrictiva. Entiendo el enfado e incluso la sorpresa de la compañía. ¿Regular el nivel de transparencia y de información que estamos dispuestos a poner en sus manos? ¿Respetar las leyes? ¿Adaptarse a la diversidad y a la especificidad europeas? Suena muy bien, pero son conceptos muy alejados del sistema de valores preponderante entre estas multinacionales de imagen muy simpática y muy guay pero de comportamiento más bien libre, incumplidor y salvaje. Lo digo porque, hasta ahora, estas grandes empresas, símbolos rutilantes del nuevo siglo, se han caracterizado por buscar siempre todos los resquicios posibles para huir de obligaciones y compromisos.

En relación con esto, no deja de ser curioso y significativo lo que ha hecho Mark Zuckerberg en la construcción de su nueva vivienda en California. Según ha trascendido, el inventor de Facebook, para proteger su intimidad y garantizar el secreto, ha hecho firmar un durísimo contrato de confidencialidad a todos los trabajadores y a las diferentes empresas implicadas en las obras. Y como no tenía suficiente, para más protección ha comprado todas las mansiones de los alrededores. Una paradoja tremenda. Él, que se ha hecho rico compartiendo nuestra intimidad, es capaz de cualquier cosa para blindar la suya.