01 abr 2020

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Los retos de la economía catalana

Una política industrial de consenso

Joan Carles Gallego | José Cachinero

El nuevo modelo del siglo XXI pide cambios profundos, no solo sectoriales, y un gran acuerdo de país

Cuando los datos macroeconómicos muestran síntomas positivos sería incomprensible que no fuéramos proactivos en política económica con medidas que consoliden la tendencia y refuercen una estrategia de país para equilibrar los diferentes componentes del crecimiento. Más allá de la incidencia positiva de factores exógenos, existen aún déficits a corregir para evitar el efecto recaída. Entre estos, los laborales, los sociales y los industriales. Unos han de abordarse superando los negativos efectos de la reforma laboral (precariedad y debilitamiento de la negociación colectiva), haciendo del salario motor de la actividad económica y creando empleo de calidad para modernizar el tejido empresarial.

Hay también que reforzar la redistribución y garantizar la protección social, porque la cohesión social es clave para el desarrollo. Pero si mantenemos intocables los déficits industriales corremos el peligro de que sean una rémora, al reproducir el esquema de crecimiento previo a la crisis, potenciando desequilibrios sectoriales y dependencias del sistema financiero.

Balance muy poco satisfactorio

Necesitamos del impulso de políticas industriales activas, desde la responsabilidad del Govern, pero con potentes mecanismos de diálogo y concertación social, para garantizar su impulso real y los compromisos estratégicos. Desafortunadamente tenemos un balance muy poco satisfactorio de los compromisos industriales del Govern. En la anterior legislatura aprovechó la ley ómnibus para suprimir la ley de industria y el Consell d'Indústria. Pero hace dos años, por la presión de organizaciones empresariales y sindicales, acordó crear el Consell Català d'Empresa, como organismo de participación institucional y de diálogo social, para el impulso de la industria y la promoción de unas políticas activas que ayuden a adaptar las empresas a los cambios estructurales y facilitar la inversión en el sector productivo.

El balance es bastante negativo. El Govern de Catalunya, con el 'conseller' Puig al frente de las políticas industriales, ha olvidado el valor esencial del acuerdo y del diálogo social y ha dificultado la implicación de los agentes sociales y los actores de la sociedad civil en la definición y la construcción de una política industrial. El Consell Català d'Empresa es una mera instancia de información de políticas previamente decididas y de acompañamiento a la iniciativa de determinadas empresas o sectores empresariales. Se obvia el verdadero debate que, en el seno del organismo, se ha de dar sobre las prioridades y necesidades presupuestarias para impulsar lo que se firmó en el 2013 en el acuerdo por el diálogo social permanente.

Tanto en la presentación pública, el pasado 29 de abril, de las 158 medidas de impulso de los siete ámbitos industriales estratégicos (por cierto sin ningún compromiso de dotación económica), como en el envío de la lista de inversiones para la financiación del plan Juncker, nos encontramos ante iniciativas sin debate previo en el Consell. El Govern se ahorra el consenso con los agentes sociales y económicos, pero al mismo tiempo hace perder eficacia a su propia acción que no se inscribe en una estrategia de país compartida.

Aumento de la desigualdad y la pobreza

El PIB crece, pero las medidas de devaluación interna que se han usado para frenar la recesión han hecho aumentar la desigualdad y la pobreza, han debilitado aún más el tejido productivo y han congelado la inversión necesaria para mejorar los factores de productividad de la industria. Si queremos hablar de salida de la crisis necesitamos invertir esta situación, corrigiendo los desequilibrios estructurales de nuestra economía. Catalunya saldrá de la crisis cuando hayamos reconvertido el sector industrial hacia las actividades tractoras del cambio tecnológico. El nuevo modelo del siglo XXI pide cambios profundos, no solo sectoriales, sobre todo en el concepto de una nueva economía (circular) que utilice eficazmente los recursos, basada en otro modelo energético y enfocada más al uso y al servicio que al consumo y al producto.

Para CCOO reequilibrar los pesos de la economía catalana y hacer crecer la industria solo es posible con un gran acuerdo de país, suscrito entre todas las fuerzas parlamentarias y los agentes sociales y económicos. Como bien dice la plataforma Més Indústria, hay que abandonar definitivamente la visión cortoplacista y partidaria que prima en el Governo a favor de un consenso amplio que permita situar las políticas industriales, no como un capítulo más, sino como el núcleo de la estrategia económica para los próximos 10 años.

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