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Soledad Cazorla, fiscala de sala de Violencia contra la Mujer, fallecida este lunes víctima de un derrame cerebral.

Soledad Cazorla, fiscala de sala de Violencia contra la Mujer, fallecida este lunes víctima de un derrame cerebral.

Aquel día me echó una bronca tremenda. Y tenía toda la razón. Fue hace como diez años y acababa de ponerse en marcha la primera y única ley contra la violencia de género de nuestro país. Estaba muy preocupada con el papel que jugamos los medios de comunicación cuando contamos algún caso en los informativos. Y me dijo algo muy obvio que yo nunca había pensado. "Tenéis que dejar de sacar a los vecinos de las víctimas diciendo que eran una pareja muy normal, que se querían mucho o que discutían como cualquier otra pareja". "De esta manera", decía, "contribuís a normalizar la barbarie de quien golpea y mata en la intimidad del hogar. Alguien normal, o que quiere mucho, no mata a golpes a su pareja".

 Sole vivía por y para las leyes. Pero desde siempre entendió que las normas por sí mismas no cambian una sociedad si no tienen el empuje de otros factores. Por eso cada vez que hablábamos me repetía lo mismo: dejad de decir que la ley contra la violencia de género no funciona porque siguen muriendo mujeres. "Nadie cuestiona que tengamos Código Penal aunque la gente siga cometiendo delitos".

Ella pensaba que esa ley no es perfecta pero defendía que era un paso necesario que podía salvar vidas. Muchas veces me contó casos que se fue encontrando durante su brillante carrera como fiscala. Le asustaban especialmente los de la gente más joven que justifica, consiente y acepta la dominación hasta que encuentra la muerte.

Creo que Sole le tenía miedo a muy pocas cosas que no tuvieran que ver con la sociedad que estamos dejando a nuestros hijos. La conocí hace muchos años por casualidad. Yo estudiaba la carrera y buscaba algún ingreso dando clases a niños. Di con uno de los suyos sin saber quién era ella. Era solo la madre de Santi, Edu y Joaquín. Estaba preocupada por el rendimiento de uno de los gemelos. Santi y ella se parecían bastante y chocaban. Pero era emocionante verles repasando poesía y retándose al ritmo de las sílabas que ella le marcaba. Al rato oías cómo Santi le confesaba que había intentado falsificar las notas otra vez. Y la poesía se esfumaba. Era dura. Mucho. Pero Santi es hoy muchas cosas gracias a eso. Supongo que él lo sabe.

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A mí me ayudó a comprobar antes de ser madre lo difícil que es mantener los límites y permanecer en el territorio de la coherencia. Estuvo hace algo más de un año en 'El Objetivo'. "El Santi está hecho un crack", me dijo cuando hablamos. Para convencerla tuve que insistir mucho porque siempre pensó que el protagonismo tenían que tenerlo otras. Terminó mandándome un mensaje para aceptar en el que me gruñía con un "niña dominanta iré a tu programa" y detrás unos cuantos tacos que tantas veces usaba en tono socarrón.

Era la tercera o la cuarta vez que la entrevistaba. La primera vez fue en '59 Segundos' de TVE. Hace poco hablamos por mensaje mientras yo estaba preparando una edición de 'El Objetivo' sobre el machismo. Me ayudó a encontrar algunos datos. Y me insistió en que pusiera el acento en algo que ya llevaba años diciéndome. Los niños. Quedan desprotegidos ante jueces que consideran que contra ellos no hay violencia si no les ponen la mano encima pero han visto cómo su padre ha matado a golpes a su madre. "Manda cojones", me dijo. Sole en estado puro. Soledad Cazorla. La madre de Santi, Edu y Joaquín.