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El tamaño importa o, al menos, lo parece. Como cada trimestre, los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) se analizan a peso. El presidente Mariano Rajoy está contento porque, aunque ha bajado la ocupación respecto al trimestre pasado, ha crecido respecto a la que había hace un año. La oposición le recuerda que, comparado con el tercer trimestre del 2011, el de su acceso a la presidencia, hay 700.000 ocupados menos. O sea, que menos lobos con el tamaño.

De la calidad de esa ocupación nadie habla porque se supone que encontrar un trabajo al precio y en las condiciones que sean es lo importante. Y lo debe ser cuando cada vez más trabajadores aceptan empleos con salarios inferiores a su prestación por desempleo o muy inferiores a los de su anterior ocupación, decisiones no queridas, pero inevitables en entornos de baja calidad. No nos engañemos, la calidad del trabajo en España es baja en comparación con la mayoría de nuestros socios europeos y, además, se ha deteriorado con la crisis.

En el año 2008, España ocupaba en el índice de calidad conjunta del trabajo el puesto 21 de los 27 que formaban la Unión Europea. Entre el 2005 y el 2010 en España y en los países Bálticos se duplicó el número de personas con miedo a perder el empleo. A partir de la crisis y hasta el 2014, han aumentado en 30 puntos los desempleados que no vuelven a encontrar trabajo. Crecen los contratos a tiempo parcial indefinidos, pero sólo un 7% de los que los ocupan están satisfechos con esta modalidad. Un 24% de trabajadores están en trabajos definidos como precarios frente a, por ejemplo, un 12% en Alemania. Por no volver a hablar de la deflación salarial que alcanza ya a los niveles directivos, con salidas significativas del mercado laboral y con vueltas, cuando se producen, degradadas.

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En fin, cifras que no extenderemos porque quien vive la realidad de una parte significativa del mercado laboral español ya lo sabe. ¿Es éste el peaje a pagar para crear empleo? En mi opinión no. En Europa, los países con buena calidad del trabajo tienen cifras menores de desempleo, con una matización, son también los países donde más crece la inestabilidad laboral contractual. Es decir, a menos seguridad laboral menos desempleo y eso porque el mercado se adapta a las empresas que, cada vez más, trabajan por proyectos. ¿Confirma esto las tesis de que el sacrificio de la calidad es la condición para generar empleo? No lo creo. Calidad del empleo no es sólo estabilidad, es además tener un salario decente, poder conciliar, saber que volveré a encontrar trabajo en plazos aceptables, etc.

En definitiva, la inestabilidad laboral es hoy una realidad casi inevitable pero no incompatible con el trabajo decente de calidad, una garantía para ser competitivos y generar empleo sólido. En España hay buenos ejemplos que no parecen suscitar interés. Y es que sólo interesa el tamaño.