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Una actividad clave

El turismo y las elecciones de BCN

Joan Miquel Gomis

El debate sobre el modelo turístico barcelonés es en realidad un debate sobre el modelo de ciudad

El debate sobre el modelo turístico de la ciudad ocupará un espacio preferente en las próximas elecciones municipales de Barcelona. Es un hecho histórico que habla de la complejidad que supone en el siglo XXI la gestión eficiente de la actividad turística en un destino como la capital catalana. Y es también una oportunidad para avanzar en discusiones constructivas que permitan renovar fórmulas de éxito en una sociedad en transformación. En este contexto, podemos identificar, como mínimo, tres ejes clave, relacionados entre ellos, sobre los que pivotan buena parte de los factores determinantes de este reto.

El primero de ellos podríamos situarlo en el ámbito de la planificación estratégica. Los datos oficiales (siempre discutibles) sitúan el peso del turismo en el PIB de Barcelona entre un 12% y un 14%. Habría que hacer un ejercicio para responder (con visión de largo plazo y, por lo tanto, más allá de los calendarios electorales) a interrogantes como estos: ¿es adecuado el porcentaje actual del turismo en el PIB municipal?, ¿hay que reducirlo o, por el contrario, aumentarlo en el futuro?, ¿hasta qué nivel? Sería útil hacer estimaciones sobre este porcentaje y relacionarlo con otros ámbitos de la actividad económica que también son clave para la ciudad y su área de influencia (industria, logística, biotecnología, salud, tecnología...). Se trata de realizar un ejercicio de análisis que aproveche el trabajo realizado, por ejemplo con el último plan estratégico, para ponderar el peso deseable para cada sector. Esto es fundamental para determinar el grado de diversificación de la economía de la ciudad, de modo que, si alguna formación política defiende que hay que reducir el peso del turismo, tendría que argumentar con qué otro sector se suple la bajada de esta actividad. Y a la inversa.

El riesgo de cometer errores en estos cálculos es, obviamente, alto. Pero más alto es el peligro de no planificar, inacción que condena a la improvisación y desactiva las herramientas para la rectificación. Habría que partir de un principio al que apuntan todas las proyecciones: el turismo es y será un sector estratégico. Pero también habría que asumir que para Barcelona es fundamental disponer de una economía diversificada que huya del riesgo del monocultivo turístico. El carácter transversal del turismo actúa como dinamizador de otros sectores (el comercio, el ocio...) y puede generar sinergias con otros ámbitos aparentemente ajenos aprovechando las ventajas competitivas de la ciudad (posición geoestratégica, clima, infraestructuras, talento...). El caso del Mobile World Congress puede ser un ejemplo. Los mismos factores que hacen de la ciudad un destino turístico de éxito han sido los que han permitido atraer este importante congreso. A partir de aquí, más allá del turismo, las iniciativas dirigidas a dinamizar actividades empresariales relacionadas con las tecnologías móviles son el valor añadido que hay que incentivar.

Precisamente, como segundo eje habría que evaluar si este valor añadido que aporta el turismo es óptimo o mejorable a partir de dos reflexiones. ¿Se aprovechan al máximo las sinergias con otros ámbitos (caso del congreso de telefonía móvil)? ¿Es mejorable el valor que aportan las actividades turísticas? Hay muchas organizaciones del sector que trabajan con buen criterio estas cuestiones; por ejemplo, con políticas laborales que valoran los aspectos salariales pero también otras condiciones, como la conciliación familiar. Pero queda mucho por hacer. Se trata de conseguir el máximo consenso posible para hacer viable que en determinantes ámbitos (que nuevas realidades, como la llamada economía colaborativa, pueden ampliar) las profesiones del sector se prestigien y no se planteen como una salida temporal, sino que permitan consolidar carreras con proyección. Salen ganadores el sector y la sostenibilidad social de la ciudad, a la que se refiere el siguiente eje.

La gobernanza turística, este tercer eje, requiere un liderazgo en la gestión del modelo turístico que, lógicamente, debe asumir el Ayuntamiento, conciliando los legítimos intereses de la iniciativa privada con la defensa del bien común a largo plazo. Un reto para, en un nuevo entorno, consolidar Barcelona como referente internacional. Si a finales del siglo pasado se dio un paso innovador abriendo la participación del sector privado en el ámbito de la promoción, ya en el siglo XXI el reto es todavía más complicado, y por eso generador de entusiasmo. Ahora se trataría de implicar, con nuevos canales de participación, a los agentes sociales de la ciudad no directamente vinculados con el sector en las decisiones políticas y estratégicas a la hora de gestionar los impactos negativos y positivos de las actividades turísticas de la ciudad.

Un debate efectivamente complejo. Un reto realmente smart.