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Al contrataque

Libros de texto

Manel Fuentes

El último ensayo de Wagensberg tiene la vocación de estimular en los alumnos el espíritu crítico, básico en una sociedad intelectualmente exigente

Seamos claros, el día de Sant Jordi es maravillosopero no es el mejor día para comprar libros. Las aglomeraciones y los dependientes contratados exclusivamente para la ocasión, que hacen lo que pueden ante unas estanterías que apenas conocen, no ayudan a que el momento de la compra se disfrute si la pieza buscada no es de las del montón. Hay otras cosas buenísimas que giran alrededor de eso, claro. Pasear, vivir el ambiente, decir «te quiero» de una manera hermosa, ejercer de ciudadano en uno de los días más bellos del año... El caso es que este año, aparte del paseo y la rosa, lo que me hacía ilusión era, paradójicamente, comprar dos libros junto a mis hijos entre el gentío.

El primero fue el último ensayo de Jorge Wagensberg con tintes de memorias, Algunos años después (Nowbooks), con vocación de estimular en los alumnos el espíritu crítico, básico para el funcionamiento de una sociedad intelectualmente exigente. Nos falta mucho de eso y Wagensberg sabe hacerlo. Con sus libros, ya sean de aforismos o ensayos, a través de los museos que estructura (¡qué reflexiones tan sabrosas alrededor del CosmoCaixa nos regala en el último libro!), o en una simple charla de amigos. La verdad es que a Jorge, aparte de admirarle, le quiero. Estar a su lado siempre produce gozo intelectual. Siempre te hace sonreír en algún punto. Siempre consigue que nazcan en ti nuevas preguntas para seguir debatiendo con los colegas. Tuve la suerte de que colaborase conmigo en la radio y de pasear con él por un bosque o junto al mar disfrutando con sus ojos de niño y sus reflexiones de sabio. A su lado el asombro por la vida y la celebración de los acabados de la Naturaleza se contagian. Tuve la suerte de presentar uno de sus libros y por mi cercanía con él podría haber evitado la cola del jueves, pero no. Quería hacerlo exhibiendo mi condición de admirador y de padre. Mi gratitud bien merecía esa liturgia.

Conocer y querer

El segundo libro es un misterio para mí. Pero de él me llegó una frase fascinante. Fue de casualidad, presentando el documental de Anna Llauradó Tú también puedes, la asignatura pendiente, una propuesta para combatir la pobreza infantil desde las escuelas, cuando Pablo Jiménez, profesor de Àgora, dijo: «Solo puedes juzgar a alguien cuando lo conoces completamente, y entonces ya no puedes juzgarlo porque has empezado a quererlo». Es de La voz de los muertosde Orson Scott Card, y me pareció más jugosa que la bíblica «no juzgues y no serás juzgado». Pablo contó que el libro narra el empeño por explorar la vida de los muertos con peor fama del pueblo para tratar de comprenderlos. Qué buen ejercicio de empatía, ¿no creen? Qué búsqueda más educativa. Dicen que es literatura juvenil, pero ¿no creen que el reto que plantea es válido y necesario para muchos adultos?

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